viernes, 22 de julio de 2016

El Ristre, divisa de los reyes Juan II y Enrique IV (Tercera parte)



Como argumento principal, esgrimido en la entrada anterior, comentábamos el ideal que perseguía la nobleza de adherirse a alguna de las divisas creadas “ed profeso” por el rey, buscando el compromiso con el proyecto político del monarca. La divisa del ristre será claro ejemplo de ello como escribiremos en las siguientes líneas.

Siguiendo el itinerario que nos marca el trabajo de Álvaro Fernández de Córdova Miralles,Las divisas del rey: escamas y ristres en la Corte de Juan II de Castilla”, vamos a tratar en este capitulo las divisa del ristre dejando atrás, deliberadamente, la divisa de las bandas, la cual requiere de un capítulo específico más amplio que esperemos tratar en un futuro.

Remontándonos a los orígenes históricos, tras morir Fernando de Antequera, la corte castellana queda dividida (una vez más) entre partidarios de los Infantes de Aragón, Enrique y Juan de Navarra, sostenidos por el rey Alfonso V el Magnánimo; y partidarios del rey Juan II y su hombre fuerte de gobierno, el condestable Álvaro de Luna. Éste último, consciente de que el mensaje de unidad dinástica transmitido por la escama era incompatible con su proyecto de expulsar a los Infantes de Aragón, apostó por crear una nueva divisa regia: el ristre (o gancho usado para encajar la lanza de torneo o justa).

En una corte volcada con el ideal caballeresco, el ristre constituía todo un símbolo de la nueva política antiaragonesa de Juan II que lo hizo grabar en pendones, y  en todo tipo de enseres de palacio, como el manto dorado que viste el monarca en su efigie orante del retablo de la Cartuja de Miraflores (1489 – 1493) o el rico brocado y collar de su sepulcro del mismo monasterio. Tampoco faltan manifestaciones arquitectónicas como las de la bóveda de la Capilla del Coro Largo del Real Monasterio de Santa Clara, de Tordesillas (Valladolid)

A diferencia de la escama, el ristre no representaba ninguna orden de caballería, sino que funcionó como signo exclusivo y personal del rey, sin transmitirse a miembros de la nobleza o sucesores. La primera referencia documental data de agosto de 1429, figurando la divisa en el estandarte de las tropas de Juan II que confiscan el castillo de Peñafiel al infante Don Juan durante el conflicto con Alfonso V. Al año siguiente, la divisa aparece en la dobla de a veinte, la prestigiosa moneda de Juan II que estaba más cercana a la medalla, en palabras de Ladero Quesada, que a una pieza destinada a la circulación.
Seguimos adentrándonos en el terreno de las manifestaciones numismáticas de la divisa del ristre. Otra la recoge Rafael D. Corvera en su trabajo "Acuñaciones en Ávila de Juan II de Castilla" citando un rarísimo real, acuñado en la ceca de Ávila entre 1442 y 1447 y dibujado por A.Heiss, quien cita hay un ejemplar en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid (a fecha de hoy hemos intentado constatar la presencia de dicho ejemplar en la citada institución, pero aún no ha sido posible).
Tras la ejecución de Álvaro de Luna y el restablecimiento de las relaciones con Áragón, la divisa del ristre pasa a ser relevada de nuevo por la de la escama. Este hecho se materializa en el intercambio de divisas efectuado en Nápoles el 23 de abril de 1453 en el que Juan II, su esposa Isabel de Portugal, y los Infantes Alfonso e Isabel (la futura reina Católica) recibieron el collar de las Jarras aragonesas con doce caballeros del rey, mientras que Alfonso V el magnánimo recibía el collar de la escama "con la devisa de la Banda del rey de Castilla". 

Sin embargo, un hecho tan significativo que desde el punto de vista histórico parece poner fin a la utilización de divisa del ristre, no queda tan claro desde el punto de vista numismático, pues hemos encontrado lo que creemos son manifestaciones de la divisa del ristre en tiempos del reinado de Enrique IV (1454 - 1474). Y es que algún sentimiento tuvo que suscitarse en la ceca V, como a continuación comentaremos.

La primera señal, la dio este maravedí, subastado en Herrero hará poco más de año y medio, en el que aparece un extraño símbolo debajo del león rampante y que se describe por la casa de subastas como "ala" quizás viendo una relación con el escudo heráldico de la población de Villalón. No es el único, Vidal Qadras en su colección con el número 6224 describe lo que el llama una blanca de busto coronado de frente, "a la derecha un ala de pájaro", acompañandola de una impronta.  

Aunque, el estado de conservación del maravedí de Herrero no es el más óptimo, en el advertimos, sin lugar a dudas, un ristre coronado. Así pues, no vemos fundamento en la aseveración del "ala" y optamos decididamente por la idea del ristre, mucho más coherente desde el punto de vista histórico, como hemos argumentado en párrafos anteriores. Además, como ya sabemos, cada vez son mayores las voces que argumentan que la ceca V designaba a Valladolid, por lo que aseverar que el ejemplar es de Villalón, no es del todo claro. Pero ese terreno, el de la asignación de cecas, no toca tratarlo ahora.
 Ejemplar de maravedí de ceca V, de subastas Herrero


 Impronta de cuarto de ceca V, colección Vidal Quadras

De la impronta que se recogía en la colección de Vidal Quadras, pasamos a una manifestación mucho más contundente, la moneda en si misma, un cuarto de Enrique IV (no es el de Vidal Quadras, pero es del mismo tipo), también de ceca V. Se trata de un ejemplar del que hasta la fecha no tenemos constancia de ningún  otro (salvo el descrito de la citada impronta). Pertenece a la colección privada de R.A.Z.R. quien ha tenido la gentileza de cedernos las imagenes del ejemplar, único, y que es la primera vez que ve la luz pública. 


La marca que observamos se asemeja a la de un ristre coronado y es de acuñación por lo que no puede confundirse con ninguna marca resellada, propia del gremio de rejeros y plateros, como la de este otro ejemplar del foro Imperio Numismático. La tipologia es similar a la de otros cuartos de ceca V, vellón pobre en contenido de plata y arte descuidado, propio de las acuñaciones de finales de reinado de Enrique IV.

Hasta aquí lo que esperamos que en un futuro se convierta en una linea de investigación de la que podamos extraer mayor información sobre un tipo monetario, hasta la fecha muy inadvertido y poco estudiado por la doctrina numismática.

Agradecimientos: A Yeray Afonso, Rafael D. Corvera y Rafael Vega

domingo, 5 de junio de 2016

El collar de escamas, divisa de Enrique IV (Segunda parte)


No me gustaría empezar sin transmitir mi más profundo agradecimiento a Yeray Afonso y a Rafael D.Corvera, cuyas brillantes aportaciones han sido cruciales para trazar las líneas maestras del tema que vamos a tratar en esta y en la entrada siguiente, las divisas del collar de la escama y el ristre, así como su plasmación en ejemplares numismáticos castellanos y leoneses. Gracias de nuevo compañeros. También quiero citar el magnífico trabajo de Álvaro Fernández de Córdoba Miralles (Universidad de Navarra) "Las divisas del rey: escamas y ristres en la corte de Juan II de Castilla", indispensable para profundizar sobre el fenómeno europeo del surgimiento de las divisas reales en la baja Edad Media.

En la entrada anterior, dedicada a la divisa de la granada, dimos algunas pinceladas sobre el surgimiento del fenómeno de las divisas a finales del siglo XIII. Profundizando en esa idea, las monarquías europeas empezaron a tener conciencia su poder fáctico y comenzaron a adoptar símbolos de representación real, utilizándolos como una proyección propagandística del monarca. Ello lo hacen a través de la creación o adopción de divisas, formadas por un signo (cuerpo) y, a veces por un lema (mote).


La divisa (real) viene a establecer un vínculo beneficioso de doble vertiente: para el monarca, pues la adhesión de los nobles a ella implica un fortalecimiento de su poder; para los nobles, pues se crean lazos de fraternidad con el rey. “Lazos caballerescos”, lo definen algunos autores, duraderos en el tiempo, ya que este estos lazos serán vinculantes para los descendientes de uno y de otros.
La dinastía de los Trastámaras no fue ajena al fenómeno de la divisa. A finales del siglo XIII Castilla se encontraba en innumerables disputas nobiliarias y territoriales. Un ejemplo lo tenemos durante la minoría de edad Juan II, donde los afines a la viuda de Enrique III, Catalina de Lancaster, y los afines a su tio paterno Fernando, el de Antequera, rivalizan por ejercer la tutela del menor Juan. Para fortalecer su seguridad, Fernando el de Antequera crea una guardia personal, la Orden del Collar de la Escama, cuya divisa será la escama, y cuyo bastión será Segovia, pues allí se fabricaron y concedieron sus collares, anchos y en forma de escamas de pez. Las escamas, al superponerse unas a otras, simbolizaban la fuerza de la unión, la persistencia de lo anterior en lo ulterior.
Para la incorporación a la orden y la concesión del collar se requería poseer la dignidad de escudero o caballero (collar de escamas de plata para los primeros, de oro para los segundos), y probablemente haber contraído lazos de vasallaje con el rey o el príncipe heredero, para que este pudiera otorgar la divisa.   Su entrega solía ir unida a un proceso de ennoblecimiento y al ingreso en el mundo de los torneos y el ceremonial cortesano.


No solo a nivel de orfebrería, támbien encontramos testimonios arquitectónicos de la divisa de la escama en las torrecillas rematadas por molduras en forma de escama que rodean la Torre Nueva del Alcázar de Segovia, o las armas reales enmarcadas por una decoración de escamas en la chimenea de la hospedería de la Cartuja de Miraflores (Burgos). 

Y testimonios numismáticos, pues es precisamente en Segovia, donde empiezan a acuñarse reales en los cuales creemos ver un testimonio de la divisa de la escama, como este ejemplar de real de plata de busto, donde Enrique IV viene ataviado con el citado collar de escamas o golguera, pues este atributo derivó con el paso de los años a fines militares, convirtiéndose en un elemento protector del cuello y de la parte superior del pecho (véase Atributos,vestimenta y simbología en la numismática medieval castellanoleonesa)


Real de busto de Enrique IV, ceca Segovia 
Subasta Áureo 16/03/2016
Curiosamente, en el segundo tercio del siglo XV, periodo politica, social y económicamente aún más convulso, se intensifica la agresividad emblemática, con la irrupción de las divisas del ristre, la banda y las llamas de fuego; elementos con clara atribución militar y de los que encontraremos numerosas manifestaciones, incluso en el terreno numismático, dónde citaremos ejemplares de monedas que los portan, alguno inédito hasta la fecha y que vamos a tener la fortuna de presentar en nuestra siguiente entrada de este blog.

jueves, 12 de mayo de 2016

La granada, divisa del rey Enrique IV (Primera parte)



La granada -el fruto- fue una divisa personal que utilizó Enrique IV; un emblema propio y cuya utilización se dio en numerosos soportes, como telas, bordados, joyas, escultura ornamental de edificios y, por supuesto, en monedas. Y es que de alguna forma, Enrique IV se percató de la im­portancia que habían adquirido los símbo­los de representación real como proyección propagandística de la imagen del monarca, y un elemento más para transmitir un mensaje. 

Su cromatismo será el oro y el campo en el que asienta, el gules o rojo vivo. Le acompaña por lo general el mote o leyenda "agrodulce" o "agrodulce es reinar", Con ella constituirá una hermandad de caballeros –la Orden de la Granada-

En el terreno numismático es con este monarca la primera vez que se utiliza la granada como un elemento iconográfico en la moneda acuñada (junto a otros ya conocidos como el león, el castillo, etc). 

Como testimonio documental de que el rey la consideraba su divisa personal, sírvanos un fragmento de las Ordenanzas para labrar moneda de vellón dadas por el rey Enrique IV en Madrid, el 22 de mayo de 1462, don­de se explicita que en la moneda de un ma­ravedí ha de representarse una granada de las de su divisa:
e por esta my carta ordeno e mando por ley e premática sanción la qual quiero que aya fuerza e vigor de ley […] que en las dichas mys casas de moneda se labren de aquí ade­lante las monedas de villón [sic] syguientes: Primeramente hordeno e mando que se la­bren en las dichas casas de moneda, mone­da de maravedís de ley de venyt e quatro granos por marco e de talla en cada mar­co noventa e seys pyezas e que cada pieza destas sea llamada maravedí e valga por un maravedí, la qual dicha moneda de mara­vedís tenga de un lado un castillo e del otro cavo un león, el qual dicho león tenga una granada de las de mi devysa entre los pies e manos e su orladura llana syn copas algu­nas de dentro e enderredor del dicho casti­llo e león en entramas partes de los dichos maravedís fuera de la dicha orladura aya le­tras que digan enricus quartus dei gracia rex castelle et legiones

Dobla de la banda de Enrique IV ceca Segovia, escudo franqueado
por dos granadas, Soler y Llach, 23/10/10
Cuarto de Enrique IV ceca Sevilla, Áureo 3/07/14
 Ejemplar de granadas entrelazadas a ambos lados del busto
Maravedí de Enrique IV ceca Burgos, Áureo 16/03/16.  
Granada debajo del león

Sobre la significación de la granada, me ha parecido muy interesante extraer algunos fragmentos del magnífico trabajo “La divisa de las granadas del rey Enrique IV de Castilla y su estela posterior” realizado por Sagrario López Poza, Catedrática de Literatura Española de la Universidad de La Coruña, que nos ponen de manifiesto sobre la especial relevancia que alcanzó este emblema o divisa tanto en época de Enrique IV como la utilización por otros monarcas en años posteriores, y como dicho símbolo se impregna de connotaciones políticas a raíz de la conquista del Reino de Granada.  

En el texto se hace referencia a numerosas citas literarias (no es de extrañar, dada la especialidad de la autora), pero también hay interesantes referencias escultóricas y arquitectónicas y, por supuesto, numismáticas.



(…) Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), indica que “La granada puede ser símbolo de una república, cuyos moradores están muy con­formes y adunados [congregados], y está adornada con corona, que significa dominio e imperio, porque la granada está coronada con una corona de puntas”. Luego cita la empresa de Enrique IV: “Hay una empresa de una granada con el mote «Agrodulce», de que usó el rey don Enrique el Cuarto, dando a entender que el rey ha de tener de todo, usando de justicia y de clemencia, templando una con otra” (…)



(...) Es la literatura emblemática la que más nos ayuda a comprender el sentido con el que se utiliza la granada en la empresa de Enrique IV y otros monarcas. Juan de Bor­ja, en la segunda edición ampliada de sus Empresas morales (1680), en la empresa 198 (pp. 402-403) [fig. 1], con el lema «Et dul­citer acre temperabis» expone que hay que huir de los extremos buscando el equilibrio entre lo que nos gusta y lo que nos es pro­vechoso y que esta dificultad la tienen los que gobiernan para hallar el punto medio en­tre la justicia y la clemencia. Ellos han de huir de los extremos de la crueldad y la flojedad, templando la justicia con misericordia y la cle­mencia con la justicia. Concluye Borja: “Este agro dulce, dijo Aristófanes, que se hallaba en la granada” (…) 


(...) Muy esclarecedor, en cambio, es el testi­monio que da sobre la divisa del rey Enrique IV uno de los autores de libros de emble­mas más interesante para nosotros, Juan de Horozco, en sus Emblemas morales (Segovia, 1589), libro III, emblema XXX, que corrobo­ra la interpretación que hemos citado de su hermano Sebastián de Covarrubias [fig. 2]. La pictura del emblema de Horozco reprodu­ce el escudo de armas de Castilla y León del rey Enrique flanqueado por dos ramas de granado con su fruto y hojas a cada lado y una filacteria con el mote: «Agro dulce». El epigrama del emblema de Horozco es una octava: 

No debe ser cruel o justiciero
(que dizen) si lo es en demasía
el rey, que para serlo verdadero
huye de lo que suena a tyranía;
tampoco es bien perdone de ligero
lo que de veras castigar debría.
Que no en balde es crecida y coronada
la fruta de agro y dulce sazonada.


(...) Horozco explicita con mucho detalle en la declaración en prosa que sigue al epigra­ma el sentido de la divisa del rey Enrique IV. Por los dos sabores (agrio y dulce) de la granada se da a entender la mezcla de mi­sericordia y rigor con que el príncipe ha de regir a sus vasallos, de manera que ni haya exceso en el castigo ni falta (...)



(...) Tradicionalmente se ha dado un senti­do territorial a la granada, tras la conquista de la ciudad del mismo nombre en 1492. Como es sabido, al escudo de los Reyes Católicos (cuya forma se había acordado en diciembre de 1474), se le incorporó un entado en punta con una granada, y suele creerse que fue tras la entrada triunfal en Granada el 2 de enero de 1492. Sin embar­go, como indica Pardo de Guevara (2008: 83), no hubo, por lo que parece, ninguna disposición legal relativa a su nacimien­to como emblema propio del reino recién conquistado, ni mucho menos respecto a su rápida incorporación a las armerías reales. El primer testimonio parece que está en un sello de placa de Fernando el Católico sobre un documento fechado en Zaragoza a fines de agosto del mismo año 1492. Pese a ello, su incorporación no se consolidaría debi­damente hasta las Ordenanzas dictadas en 1497 en Medina del Campo, donde se tomo el acuerdo de la acuñación de los llamados excelentes de la granada.



(…) el uso que hicieron los Reyes Católicos de la divisa de la granada trasciende la simple represen­tación emblemática del reino islámico del sur de la Península Ibérica, y creemos que puede tener un significado más complejo, ya que podemos observar que los reyes lo emplean, en etapas tempranas sobre todo, a la vez que su divisa del yugo y las flechas, (…) Así, tendríamos que con el yugo de Fer­nando, símbolo de castigo y doma para los súbditos rebeldes (la nobleza levantada con­tra Isabel en la guerra de sucesión dinástica entre 1474 y 1479) se avisa al receptor que quienes no se sometan por las buenas (bajo el yugo) recibirán las saetas (signo bélico) –por las malas–; de una u otra forma, tanto da de grado como por la fuerza (tanto mon­ta), los reyes ejercerán su poder, que puede mostrar misericordia o rigor (agro dulce) – la granada– haciendo merced y favorecien­do a los que lo merezcan y castigando a los que se obstinen en enfrentárseles. 

Escudo de los Reyes Católicos, con granadas entrelazadas, 
en la clave central de la bóveda estrellada de la 
Sala Gótica de la Casa del Cordón (Vitoria)



lunes, 11 de abril de 2016

El cruzado, contexto histórico y documental . Referencias a otras emisiones coetaneas

En diciembre de 2010 publicamos una entrada que explicaba origenes, causas, desarrollo y desenlace del enfrentamiento entre Pedro I y Enrique II. Hoy hablaremos nuevamente, de forma mas resumida, de ese episodio para situarlo como contexto historico de un tipo de moneda acuñada al hilo de dichos enfrentamientos por Enrique II, nos estamos refiriendo al cruzado.


Entrando en materia, Alfonso XI y Maria de Portugal tuvieron como hijo a Pedro, legítimo heredero al trono de Castilla y que reinaría como Pedro I, apodado el Justiciero por sus seguidores y como el Cruel por sus detractores. Fruto de relaciones extramatrimoniales de Alfonso XI con Leonor de Guzmán nació el que también sería futuro rey de Castilla, Enrique de Trastámara, recibiendo este título por adopción de Rodrígo Álvarez de las Asturias, Conde de Trastamara, ya que Alfonso XI lo considero hijo bastardo.

La rebelión de Enrique de Trastámara, que se sostuvo con el apoyo de la nobleza castellana, frente al rey Pedro el Cruel, intentó recortar las atribuciones de éste y, sobre todo, su influencia política. Esta alianza entre el hijo bastardo del rey Alfonso XI y la nobleza fue bien percibida por la población como un obstáculo a las leyes que Pedro promulgó en las Cortes de Valladolid de 1351, que promovían el comercio y la artesanía y la seguridad de las personas, y por supuesto, el fortalecimiento de la autoridad real frente a la nobiliaria.

El noble Juan Alfonso de Alburquerque se alzó como cabeza visible de la rebelión contra el Rey Pedro, recabando el apoyo de Pedro IV de Aragón. Sin embargo Alburquerque fracasa en sus planes de conspiración contra el Rey y muere envenenado en 1354. Es entonces cuando Enrique toma las riendas de la rebelión en apoyo de varios de sus hermanos. Ciudades como Toro y Toledo se alzan contra el Rey Pedro, pero la rebelión es sofocada con gran dureza en 1356 y Enrique tiene que huir a Francia con el rey Juan II y el delfín Carlos.

El Rey Pedro declara la guerra a Aragón y consigue tomar entre 1356 y 1361 varias ciudades aragonesas. El debilitamiento que Pedro I sufre tras esta guerra, hace que Enrique de Trastámara aproveche la coyuntura para apoderarse de Nájera en 1360, pero Pedro I lo derrota y Enrique de nuevo tiene que huir a Francia. Es en este punto cuando el conflicto castellano, se internacionaliza porque Pedro I se ayuda de las tropas del Príncipe Negro Eduardo (Reino de Inglaterra). Sin embargo los franceses pronto entendieron que Pedro I no podría pagar los montos monetarios acordados y emprederían su regreso a Inglaterra.


Representación de la Batalla de Nájera

Percibiendo que su rival quedaba en una difícil posición, Enrique de Trastámara consigue en Francia el apoyo de las “Compañias Blancas”, tropas sueldo formadas por bretones, ingleses, gascones, aragoneses e incluso castellanos antipetristas, procedentes de las guerras habidas entre Francia e Inglaterra, afines a Carlos V y capitaneadas por Bertrand Du Guesclin , Conde de Longueville, ganando para Enrique las plazas de Burgos, Astorga, Ágreda, Soria, Logroño y San Sebastián, y recibiendo asimismo para él la fidelidad de las ciudades de Ávila, Segovia, Talavera, Madrid y Cuenca.

Finalmente, Enrique conseguiría derrotar y dar muerte a Pedro I en la Batalla de Montiel, 1369, afianzando su reinado tras su ya proclamada coronación en el Monasterio de Huelgas en 1366.


El apoyo francés fue recompensado con el “cruzado”, moneda de baja calidad válida en todos los territorios de Enrique. El cruzado debe su nombre a la cruz que estas monedas tienen en el reverso, porque se quiso hacer prevalecer la idea que la guerra contra Pedro I era una cruzada, que contaba con la bendición de Dios, aspecto que queda reforzado en otras acuñaciones, por ejemplo, reales con la leyenda “DEI GRATIA”. En el transcurso del reinado de Enrique II, se devaluó el cruzado progresivamente, restando poder económico a los mercenarios que habían participado en su cruzada, que se vieron obligados a entregar grandes cantidades de su moneda para obtener de las otras "oficiales" del reinado, fortaleciendose asi la hacienda real. 

Cuenta la Crónica de Pedro Lope de Ayala, en 1369: "el rey don Enrique, estando en Toledo, ovo su consejo, que por quanto avia de facer grandes pagas a mosén Beltrán (Du Gluesclin), e a los extranjeros... E por todo esto, acordó de mandar labrar moneda; e fizo entonces labrar una moneda que decían cruzados, que valía cada un cruzado, un maravedí, e otra moneda que dexían reales, que valían a tres maravedís, e era moneda de baxa ley. E ordenó el rey que en cada arzobispado e obispado labrasen tal moneda, e púsola a renta; e montó gandes cantidades". Se confirma el texto de la Crónica con las monedas existentes de Burgos, Toledo, Cuenca, Ciudad Real, Atienza, Osma, Soria y Segovia (J. A. Almonacid).

Aunque durante la guerra civil (1366-1369) se fueron acuñando reales, cornados de vellón y cruzados, es a partir de 1369 cuando se produce una emisión masiva de estos últimos. El texto legal, único conocido hasta la fecha, que hace referencia sobre la emisión de cruzados -támbién de cornados y reales de vellón- es la Instrucción a la Casa de la Moneda de Murcia (en concretos dos documentos, el primero dado en Sevilla el 11-05-1369 Traslado del ordenamiento real sobre las monedas que se han de labrar en Sevilla, Córdoba Murcia; y el segundo de 15-05-1369 ). Archivo Municipal de Murcia.

La producción de cruzados que continuó hasta 1373, apreciándose en el transcurso del tiempo una clara degeneración del tipo, el peso y la liga, de tal forma que se pueden distinguir hasta tres tipos (Fuentes Ganzo):

a) El "cruzado canónico" que corresponde tanto a los tipos de cruz griega, como a los primeros de cruz latina, tal como dice la ordenanza de 1369 de "ciento veinte piezas por marco", esto es, de un peso teórico de 1,95 gramos (2,5 - 1,8 grs) en torno a los dos gramos. La paridad, 1 real de vellón = 3 cruzados (= 3 maravedís de cuenta) = 18 cornados = 30 novenes

Atendidos los emonumentos de las tropas francesas, se siguen acuñando cruzados de peor calidad, peso y ley, como se deriva del Ordenamiento sobre la baja de la moneda según lo acordado en las Cortes de Medina del Campo de 26 de junio de 1370:

b) Cruzados de 1370-71 de peso en torno a 1,5 gramos

c) Cruzados de 1371-73, en torno a 1 gramo.

d) Finalmente se produce una desmonetización del cruzado horadándolos o punzonándolos para su circulación por un valor ínfimo.

Este proceso degenerativo también es perceptible y similar en otras acuñaciones postbélicas a partir de 1370, tales como cornados y reales de vellón tipo anagrama y busto frontal. La paridad pasa a ser de 1 real de vellón = 1 maravedí (paridad al maravedí de cuenta) = 3 cruzados (2 cornados cada cruzado) = 6 cornados (6 por maravedí -1370- y 3 posteriormente -1371/2) = 12 cinquenes (y 6 posteriormente -2 por cornado-) = 10 novenes (10 por maravedí).

A continuación os mostramos imagenes de los tipos más frecuentes (Antonio Roma recoge hasta 24 variantes) aunque en ocasiones aparece alguna nueva variante desconocida hasta la fecha, véase 1 y 2.


Cruzado de cruz griega. Burgos. Áureo, 20/03/2014. Es el tipo más
conocido, con la leyenda ENRI cuartelada, se presenta en distintas variantes, 
sin ceca, con ceca, florón, iniciales a ambos lados...
Cruzado de cruz latina. Sin ceca. Áureo, 20/03/2014. Tipo más
escaso que el anterior, con la leyenda ENST cuartelada 
(ENRICVS-SECUNDVS -O SENNOR- TRASTAMARAE). 
Se trata de un cornado de emisión más tardía, una vez atendidos los emonumentos 
de las tropas francesas, conforme al según lo acordado en las 
Cortes de Medina del Campo de 26 de junio de 1370

Cruzado de cruz griega. Variante atribuida a Córdoba. Áureo, 20/03/2014. 
Caracteres de la leyenda ENRI coronados y busto entre iniciales
C y O
Cruzado de cruz griega. León. Áureo, 20/03/2014. 
Leyenda LEON en cuarteles. Probablemente el tipo más escaso conocido
Cruzado de cruz griega.Áureo, 20/03/2014. 
Se sustituyen caracteres por roeles en cuarteles, y en el tercero una S colgante. 
Atribuido a Sevilla








viernes, 8 de abril de 2016

Dirhem Banu Hud versus mencal alfonsí, un proyecto monetario fracasado


Los Banu Hud fueron una dinastía que adquirió gran relevancia en el mundo musulmán. Procedían del linaje árabe de Yudam, originario del Yemen. El fundador de la dinastía fue Sulaiman Ibn Hud al-Mustain, que tras su muerte en 1046 repartió la originaria taifa de Zaragoza entre sus descendientes, como la de Zaragoza, propiamente dicha, Lerida, Tortosa, Denia..., que después fueron nuevamente unificadas y separadas en contínuas guerras fraticidas. Algunos descendientes de la dinastía se asentaron también en Valencia, Córdoba, Granada, Jaén y Murcia.

En 1228, Abu Abd Allah Muhammad bin Yusuf bin Hud al Mutawakkil (1228-1238), que reclamaba ser descendiente de los Banu Hud, se hace con el control de Denia, Almería, Granada, Málaga y Sevilla. Ibn Hud al Mutawakkil gobernó así un extenso estado unido en el Reino de Murcia ante enemigos comunes como castellanos, aragoneses y almohades. Tras su asesinato en Almería en 1238, su estado le sobrevivirá reducido al Sureste, hasta que su hijo Muhammad ibn Hud (1241-1259) se declare vasallo de Castilla en 1243.

Desde el punto de vista numismático, en el Reino de Murcia  solamente se acuñaron monedas de plata, dirhems y medios dirhems a nombre de al-Mutawakkil (625-636/1228-1238) y de su hijo al-Wātiq (635-636 H/1238-1239) cuyas emisiones finalizaron en el año 635-636 H/1238-1239, aunque siguieron circulando hasta el 1263 aproximadamente y quizás, unos poco años más, hasta el 1270. Dichos dirhems y divisores son un caso atípico dentro de la numismática hispanoárabe, dado que su aspecto redondo chocaba claramente con el de sus vecinos coetáneos, los cuadrados dirhems almohades, pero por el contrario seguían el patrón de escritura y discurso de las anteriores (unicidad de Dios y profesión de fe, ceca con letra más pequeña), con la salvedad de sustituir Al-Mahdi por Al-Abasi  e incorporar el nombre del rey con sus titulos. La metrología fue fiel a la almohade (“el peso justo del dirhem por mandato coránico"), 1,5-1,6 gr. para el dirham; 0,7-0,8 gr.  para el medio dirhem.

 Dirham de Al-Watiq, imagen procedente del foro numismatico OMNI

El dirhem hudí, en el terreno económico-transaccional tuvo gran aceptación, antes y algunos años después del Tratado de Alcaráz de 1243, hasta tal punto que restó gran protagonismo a una moneda especialmente creada por Alfonso X que con el fin de sustituirle –el mencal argénteo o cuarto de maravedí-, que tuvo que conformarse con coexistir con él hasta 1263, fecha a partir de la cual ambas monedas siguen conviviendo pero empiezan a ser sustituidas progresivamente por vellones de seis líneas o de la primera guerra.  

Otro motivo por el que la emisión de mencales fue poco prolija en el tiempo y fracasó, si lo comparamos con otras series monetarias castellanas con mayor pervivencia, se debió a la ansiada pretensión de Alfonso X al trono imperial cuyo gasto hacía tambalear las arcas del Reino, hasta tal punto que obligó muy pronto a reducir el contenido en plata en futuras emisiones de su reinado y a devaluar la moneda. También fueron motivos las convulsiones  que  provocaron  la gran revuelta mudéjar y la primera guerra de Granada


El motivo de acuñar el mencal argénteo, aparte del de favorecer el comercio con mudéjares y musulmanes, radicó en que Castilla no contaba con ninguna tradición de buena moneda hasta la fecha. Históricamente  Castilla había   manejado   la   musulmana   o   la   carolingia,  pero  nunca  había  acuñado  plata  de  alta  calidad,  sino  sólo  vellón.  Tras  la  especial  capitulación  del  reino  musulmán  de  Murcia, el cual se mantiene independiente pero vasallo de Castilla a cambio de un tributo (Tratado de Alcaráz, 1243)  se  mantuvo allí la moneda de plata circulante –los anteriormente comentados dirhems- hasta el 1263.  

En un principio los mencales se labraron en Murcia, aunque posteriormente se extendieron a Sevilla y Burgos, para abastecer de moneda sus mercados. Su peso oscilaba entre  1,35  y  1,8  gramos  con  leyenda  epigráfica en el anverso –ALF ONSVS REXCAS TELLEE TLEGIO NIS- y el cuartelado de castillos y leones en el reverso.

Bibliografía
-  La moneda de la Castilla Bajo-Medieval. Medio de propaganda e instrumento económico, de José María de Francisco Olmos.
-  La Moneda de seis líneas de Alfonso X de Castilla y León, de Jose Luis Braña y Antonio RomaValdés.
-  Un dirham de Fas del siglo X H/XVI dc con grafía especial, de Josep Pellicer i Bru
-  www.es.wikipedia.org/


miércoles, 20 de enero de 2016

Breve apunte epigráfico sobre el lote nº 202 de la Subasta de Soler y Llach de 25/02/2016

De la próxima subasta de Soler y Llach de 25/02/16 me ha llamado la atención más que la moneda en si, la curiosa descripción que se realiza del dirham, literalmente "TAIFAS-HAMUDIES. Dirham. 410H. AL QASIM BEN HAMMUD (1er reinado). AL ANDALUS. Citando Yahya en la 4º línea de la IIA. 3,78 grs. AR. Este ejmplar presenta unos adornos muy peculiares y aparentemente inéditos. Las astas de las letras altas y las letras finales terminan en forma de pino silvestre. Debajo de la IIA presenta cuatro pinos volcados. RARA. Prieto-69b (por el tipo pero adornos inéditos); V-742. MBC."


Siendo más precisos en la descripción, más que "forma de pino silvestre" habría que hablar de escritura cúfica florida. Si la aparición de los primeros reinos de taifas obedecen a una ruptura social, religiosa y económica del poder central del Califato de Córdoba; una manifestación más de esa ruptura se da en el terreno de la escritura, donde surgen escuelas de grabadores que empieza a sustituir la escritura centralista califal, esto es, la cúfica simple, por otras modelos más ornamentales, con nexos entre caracteres curvos y una altura arbitraria y estilización de los trazos llevada al exceso. La escritura cúfica con terminaciones florales fue propia de la dinastía Hammudi y de la escuela de grabadores de Málaga, Sevilla y Córdoba, principalmente, aunque existieron otras manifestaciones como la escritura de caracteres cúficos esbeltos sobre fondo floral. 

Basa con epígrafe de época de taifas. Museo de Málaga. Cúfico florido


Aunque en el terreno artístico se pueden encontrar fácilmente manifestaciones de escritura cúfica florida, lo cierto es que no es para nada frecuente su plasmación en el terreno numismática. Con el dirham de Al-Qasim ben Hammud encontramos una muy digna excepción.