viernes, 22 de julio de 2016

El Ristre, divisa de los reyes Juan II y Enrique IV (Tercera parte)



Como argumento principal, esgrimido en la entrada anterior, comentábamos el ideal que perseguía la nobleza de adherirse a alguna de las divisas creadas “ed profeso” por el rey, buscando el compromiso con el proyecto político del monarca. La divisa del ristre será claro ejemplo de ello como escribiremos en las siguientes líneas.

Siguiendo el itinerario que nos marca el trabajo de Álvaro Fernández de Córdova Miralles,Las divisas del rey: escamas y ristres en la Corte de Juan II de Castilla”, vamos a tratar en este capitulo las divisa del ristre dejando atrás, deliberadamente, la divisa de las bandas, la cual requiere de un capítulo específico más amplio que esperemos tratar en un futuro.

Remontándonos a los orígenes históricos, tras morir Fernando de Antequera, la corte castellana queda dividida (una vez más) entre partidarios de los Infantes de Aragón, Enrique y Juan de Navarra, sostenidos por el rey Alfonso V el Magnánimo; y partidarios del rey Juan II y su hombre fuerte de gobierno, el condestable Álvaro de Luna. Éste último, consciente de que el mensaje de unidad dinástica transmitido por la escama era incompatible con su proyecto de expulsar a los Infantes de Aragón, apostó por crear una nueva divisa regia: el ristre (o gancho usado para encajar la lanza de torneo o justa).

En una corte volcada con el ideal caballeresco, el ristre constituía todo un símbolo de la nueva política antiaragonesa de Juan II que lo hizo grabar en pendones, y  en todo tipo de enseres de palacio, como el manto dorado que viste el monarca en su efigie orante del retablo de la Cartuja de Miraflores (1489 – 1493) o el rico brocado y collar de su sepulcro del mismo monasterio. Tampoco faltan manifestaciones arquitectónicas como las de la bóveda de la Capilla del Coro Largo del Real Monasterio de Santa Clara, de Tordesillas (Valladolid)

A diferencia de la escama, el ristre no representaba ninguna orden de caballería, sino que funcionó como signo exclusivo y personal del rey, sin transmitirse a miembros de la nobleza o sucesores. La primera referencia documental data de agosto de 1429, figurando la divisa en el estandarte de las tropas de Juan II que confiscan el castillo de Peñafiel al infante Don Juan durante el conflicto con Alfonso V. Al año siguiente, la divisa aparece en la dobla de a veinte, la prestigiosa moneda de Juan II que estaba más cercana a la medalla, en palabras de Ladero Quesada, que a una pieza destinada a la circulación.
Seguimos adentrándonos en el terreno de las manifestaciones numismáticas de la divisa del ristre. Otra la recoge Rafael D. Corvera en su trabajo "Acuñaciones en Ávila de Juan II de Castilla" citando un rarísimo real, acuñado en la ceca de Ávila entre 1442 y 1447 y dibujado por A.Heiss, quien cita hay un ejemplar en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid (a fecha de hoy hemos intentado constatar la presencia de dicho ejemplar en la citada institución, pero aún no ha sido posible).
Tras la ejecución de Álvaro de Luna y el restablecimiento de las relaciones con Áragón, la divisa del ristre pasa a ser relevada de nuevo por la de la escama. Este hecho se materializa en el intercambio de divisas efectuado en Nápoles el 23 de abril de 1453 en el que Juan II, su esposa Isabel de Portugal, y los Infantes Alfonso e Isabel (la futura reina Católica) recibieron el collar de las Jarras aragonesas con doce caballeros del rey, mientras que Alfonso V el magnánimo recibía el collar de la escama "con la devisa de la Banda del rey de Castilla". 

Sin embargo, un hecho tan significativo que desde el punto de vista histórico parece poner fin a la utilización de divisa del ristre, no queda tan claro desde el punto de vista numismático, pues hemos encontrado lo que creemos son manifestaciones de la divisa del ristre en tiempos del reinado de Enrique IV (1454 - 1474). Y es que algún sentimiento tuvo que suscitarse en la ceca V, como a continuación comentaremos.

La primera señal, la dio este maravedí, subastado en Herrero hará poco más de año y medio, en el que aparece un extraño símbolo debajo del león rampante y que se describe por la casa de subastas como "ala" quizás viendo una relación con el escudo heráldico de la población de Villalón. No es el único, Vidal Qadras en su colección con el número 6224 describe lo que el llama una blanca de busto coronado de frente, "a la derecha un ala de pájaro", acompañandola de una impronta.  

Aunque, el estado de conservación del maravedí de Herrero no es el más óptimo, en el advertimos, sin lugar a dudas, un ristre coronado. Así pues, no vemos fundamento en la aseveración del "ala" y optamos decididamente por la idea del ristre, mucho más coherente desde el punto de vista histórico, como hemos argumentado en párrafos anteriores. Además, como ya sabemos, cada vez son mayores las voces que argumentan que la ceca V designaba a Valladolid, por lo que aseverar que el ejemplar es de Villalón, no es del todo claro. Pero ese terreno, el de la asignación de cecas, no toca tratarlo ahora.
 Ejemplar de maravedí de ceca V, de subastas Herrero


 Impronta de cuarto de ceca V, colección Vidal Quadras

De la impronta que se recogía en la colección de Vidal Quadras, pasamos a una manifestación mucho más contundente, la moneda en si misma, un cuarto de Enrique IV (no es el de Vidal Quadras, pero es del mismo tipo), también de ceca V. Se trata de un ejemplar del que hasta la fecha no tenemos constancia de ningún  otro (salvo el descrito de la citada impronta). Pertenece a la colección privada de R.A.Z.R. quien ha tenido la gentileza de cedernos las imagenes del ejemplar, único, y que es la primera vez que ve la luz pública. 


La marca que observamos se asemeja a la de un ristre coronado y es de acuñación por lo que no puede confundirse con ninguna marca resellada, propia del gremio de rejeros y plateros, como la de este otro ejemplar del foro Imperio Numismático. La tipologia es similar a la de otros cuartos de ceca V, vellón pobre en contenido de plata y arte descuidado, propio de las acuñaciones de finales de reinado de Enrique IV.

Hasta aquí lo que esperamos que en un futuro se convierta en una linea de investigación de la que podamos extraer mayor información sobre un tipo monetario, hasta la fecha muy inadvertido y poco estudiado por la doctrina numismática.

Agradecimientos: A Yeray Afonso, Rafael D. Corvera y Rafael Vega

1 comentarios:

Unknown dijo...

Excelente, muy interesante

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