jueves, 12 de mayo de 2016

La granada, divisa del rey Enrique IV (Primera parte)



La granada -el fruto- fue una divisa personal que utilizó Enrique IV; un emblema propio y cuya utilización se dio en numerosos soportes, como telas, bordados, joyas, escultura ornamental de edificios y, por supuesto, en monedas. Y es que de alguna forma, Enrique IV se percató de la im­portancia que habían adquirido los símbo­los de representación real como proyección propagandística de la imagen del monarca, y un elemento más para transmitir un mensaje. 

Su cromatismo será el oro y el campo en el que asienta, el gules o rojo vivo. Le acompaña por lo general el mote o leyenda "agrodulce" o "agrodulce es reinar", Con ella constituirá una hermandad de caballeros –la Orden de la Granada-

En el terreno numismático es con este monarca la primera vez que se utiliza la granada como un elemento iconográfico en la moneda acuñada (junto a otros ya conocidos como el león, el castillo, etc). 

Como testimonio documental de que el rey la consideraba su divisa personal, sírvanos un fragmento de las Ordenanzas para labrar moneda de vellón dadas por el rey Enrique IV en Madrid, el 22 de mayo de 1462, don­de se explicita que en la moneda de un ma­ravedí ha de representarse una granada de las de su divisa:
e por esta my carta ordeno e mando por ley e premática sanción la qual quiero que aya fuerza e vigor de ley […] que en las dichas mys casas de moneda se labren de aquí ade­lante las monedas de villón [sic] syguientes: Primeramente hordeno e mando que se la­bren en las dichas casas de moneda, mone­da de maravedís de ley de venyt e quatro granos por marco e de talla en cada mar­co noventa e seys pyezas e que cada pieza destas sea llamada maravedí e valga por un maravedí, la qual dicha moneda de mara­vedís tenga de un lado un castillo e del otro cavo un león, el qual dicho león tenga una granada de las de mi devysa entre los pies e manos e su orladura llana syn copas algu­nas de dentro e enderredor del dicho casti­llo e león en entramas partes de los dichos maravedís fuera de la dicha orladura aya le­tras que digan enricus quartus dei gracia rex castelle et legiones

Dobla de la banda de Enrique IV ceca Segovia, escudo franqueado
por dos granadas, Soler y Llach, 23/10/10
Cuarto de Enrique IV ceca Sevilla, Áureo 3/07/14
 Ejemplar de granadas entrelazadas a ambos lados del busto
Maravedí de Enrique IV ceca Burgos, Áureo 16/03/16.  
Granada debajo del león

Sobre la significación de la granada, me ha parecido muy interesante extraer algunos fragmentos del magnífico trabajo “La divisa de las granadas del rey Enrique IV de Castilla y su estela posterior” realizado por Sagrario López Poza, Catedrática de Literatura Española de la Universidad de La Coruña, que nos ponen de manifiesto sobre la especial relevancia que alcanzó este emblema o divisa tanto en época de Enrique IV como la utilización por otros monarcas en años posteriores, y como dicho símbolo se impregna de connotaciones políticas a raíz de la conquista del Reino de Granada.  

En el texto se hace referencia a numerosas citas literarias (no es de extrañar, dada la especialidad de la autora), pero también hay interesantes referencias escultóricas y arquitectónicas y, por supuesto, numismáticas.



(…) Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), indica que “La granada puede ser símbolo de una república, cuyos moradores están muy con­formes y adunados [congregados], y está adornada con corona, que significa dominio e imperio, porque la granada está coronada con una corona de puntas”. Luego cita la empresa de Enrique IV: “Hay una empresa de una granada con el mote «Agrodulce», de que usó el rey don Enrique el Cuarto, dando a entender que el rey ha de tener de todo, usando de justicia y de clemencia, templando una con otra” (…)



(...) Es la literatura emblemática la que más nos ayuda a comprender el sentido con el que se utiliza la granada en la empresa de Enrique IV y otros monarcas. Juan de Bor­ja, en la segunda edición ampliada de sus Empresas morales (1680), en la empresa 198 (pp. 402-403) [fig. 1], con el lema «Et dul­citer acre temperabis» expone que hay que huir de los extremos buscando el equilibrio entre lo que nos gusta y lo que nos es pro­vechoso y que esta dificultad la tienen los que gobiernan para hallar el punto medio en­tre la justicia y la clemencia. Ellos han de huir de los extremos de la crueldad y la flojedad, templando la justicia con misericordia y la cle­mencia con la justicia. Concluye Borja: “Este agro dulce, dijo Aristófanes, que se hallaba en la granada” (…) 


(...) Muy esclarecedor, en cambio, es el testi­monio que da sobre la divisa del rey Enrique IV uno de los autores de libros de emble­mas más interesante para nosotros, Juan de Horozco, en sus Emblemas morales (Segovia, 1589), libro III, emblema XXX, que corrobo­ra la interpretación que hemos citado de su hermano Sebastián de Covarrubias [fig. 2]. La pictura del emblema de Horozco reprodu­ce el escudo de armas de Castilla y León del rey Enrique flanqueado por dos ramas de granado con su fruto y hojas a cada lado y una filacteria con el mote: «Agro dulce». El epigrama del emblema de Horozco es una octava: 

No debe ser cruel o justiciero
(que dizen) si lo es en demasía
el rey, que para serlo verdadero
huye de lo que suena a tyranía;
tampoco es bien perdone de ligero
lo que de veras castigar debría.
Que no en balde es crecida y coronada
la fruta de agro y dulce sazonada.


(...) Horozco explicita con mucho detalle en la declaración en prosa que sigue al epigra­ma el sentido de la divisa del rey Enrique IV. Por los dos sabores (agrio y dulce) de la granada se da a entender la mezcla de mi­sericordia y rigor con que el príncipe ha de regir a sus vasallos, de manera que ni haya exceso en el castigo ni falta (...)



(...) Tradicionalmente se ha dado un senti­do territorial a la granada, tras la conquista de la ciudad del mismo nombre en 1492. Como es sabido, al escudo de los Reyes Católicos (cuya forma se había acordado en diciembre de 1474), se le incorporó un entado en punta con una granada, y suele creerse que fue tras la entrada triunfal en Granada el 2 de enero de 1492. Sin embar­go, como indica Pardo de Guevara (2008: 83), no hubo, por lo que parece, ninguna disposición legal relativa a su nacimien­to como emblema propio del reino recién conquistado, ni mucho menos respecto a su rápida incorporación a las armerías reales. El primer testimonio parece que está en un sello de placa de Fernando el Católico sobre un documento fechado en Zaragoza a fines de agosto del mismo año 1492. Pese a ello, su incorporación no se consolidaría debi­damente hasta las Ordenanzas dictadas en 1497 en Medina del Campo, donde se tomo el acuerdo de la acuñación de los llamados excelentes de la granada.



(…) el uso que hicieron los Reyes Católicos de la divisa de la granada trasciende la simple represen­tación emblemática del reino islámico del sur de la Península Ibérica, y creemos que puede tener un significado más complejo, ya que podemos observar que los reyes lo emplean, en etapas tempranas sobre todo, a la vez que su divisa del yugo y las flechas, (…) Así, tendríamos que con el yugo de Fer­nando, símbolo de castigo y doma para los súbditos rebeldes (la nobleza levantada con­tra Isabel en la guerra de sucesión dinástica entre 1474 y 1479) se avisa al receptor que quienes no se sometan por las buenas (bajo el yugo) recibirán las saetas (signo bélico) –por las malas–; de una u otra forma, tanto da de grado como por la fuerza (tanto mon­ta), los reyes ejercerán su poder, que puede mostrar misericordia o rigor (agro dulce) – la granada– haciendo merced y favorecien­do a los que lo merezcan y castigando a los que se obstinen en enfrentárseles. 

Escudo de los Reyes Católicos, con granadas entrelazadas, 
en la clave central de la bóveda estrellada de la 
Sala Gótica de la Casa del Cordón (Vitoria)



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