sábado, 28 de marzo de 2015

Comentario al lote nº 158 de la Subasta de Pliego de 9 de abril de 2015

Por Antonio Roma Valdés


Las acuñaciones de la Guerra Fratricida castellana son muy interesantes y en ocasiones difíciles de clasificar. Enrique II imita, en mal vellón, los reales de plata de Pedro I, con sus iniciales; mientras que Pedro I se ve obligado a rebajar la ley de sus monedas y acuña una serie en oro de patrón extraño, en ambos casos ante la combinación de dos factores irreconciliables, a saber, la necesidad de pagar sus tropas y las mesnadas foráneas y la ausencia de metal con el que acuñar. Esta devaluación fue incluso aprovechada en Aragón donde se acordó la imitación a conveniencia de las emisiones de ambos contendientes. Esta secuencia está bien estudiada desde L. Domingo Figuerola, Luis; A. Balaguer, “Ordenación cronológica de las emisiones monetarias de Pedro I y de Enrique II”, Nvmisma 150-155 (1978).

Sabemos por la documentación que Pedro I acuñó moneda de vellón en Toledo, Sevilla y Murviedro. Por las monedas conocidas, esta serie estará compuesta por dos valores de buen peso y altas en plata, un 80 por 100, con un castillo en una cara y un león en la otra.

Respondiendo a este patrón, conocemos otra serie de piezas de las que se saben muy pocos ejemplares, tres de la serie, incluido el que subasta Pliego, y uno de la inferior. Por razones que se escapan y difícilmente contrastables, esta serie fue asignada por Álvarez Burgos a unas emisiones realizadas en Carmona. Cierto es que esta localidad tuvo su importancia en el período final, cuando Martín López de Córdoba, se adueñó de la fortaleza
allí ubicada y que protegía el tesoro de Pedro I para entregarlo a la muerte del monarca el 23 de marzo de 1369 a su sucesor. Sin embargo, carecemos de datos de las acuñaciones en el lugar. No es descartable la existencia de rumores que desde luego no me han llegado ni directa ni indirectamente de la aparición de alguna de estas monedas en las inmediaciones. Y cabe añadir que en todo caso estas monedas no fueron acuñadas ni en Sevilla, Toledo o Murviedro.

¿Pero son emisiones de necesidad? Si así lo fuera, Montiel, donde fue apresado Pedro I,  o Carmona, donde se hallaba su tesoro, son buenas candidatas a su fabricación excepcional. Lo indudable es que responden a una tipología ajena y singular en las emisiones europeas y que su arte es bueno. Dentro de una orla mixta, preponderantemente cuadrada, presentan castillos y leones cuartelados en una cara y una curiosa estrella coronada en cuyo centro se presenta un rostro de pequeñas dimensiones. Una rareza en la numismática europea.



  
ADDENDA 13/01/2017. Incluimos comentario de Eduardo Fuentes Ganzo sobre esta pieza: A la altura de la segunda mitad del año 1368 y hasta la muerte en Montiel del rey don Pedro en la primavera de 1369, La plaza fuerte de Carmona, a ocho leguas de Sevilla, junto con la propia corte sevillana, se convierte en el último reducto petrista, en el valle del Guadalquivir; desde mayo de 1368, Cuenca se ha entregado a don Enrique junto con Córdoba, Jaén y Málaga en los espacios meridionales; únicamente resiste Toledo, cercado e incomunicado, junto con los reductos de los espacios galaicos y de la frontera occidental del Reino de León. De hecho, incluso Pedro I, se ha ocupado de reforzar la fortificación de la villa, que tiene estrechos vínculos con él y que, una vez liquidada la contienda, no capitulará hasta 1371, siendo el último baluarte petrista del que no se sofocará la resistencia hasta dos años después de la muerte del rey. No es, pues, sorprendente que en los últimos estertores del reinado de don Pedro, y no controlando más plazas, se realizase esa pequeña acuñación. A nuestro juicio la tipología del anverso con una estrella o lucero de ocho puntas coronado sobre el que se inscribe un rostro, no deja lugar a dudas y coincide con el escudo heráldico de la villa medieval: estrella o lucero de plata de ocho puntas sobre campo de azur, cuyo origen se atribuye a Fernando III con la divisa “sicut lucifer lucet in aura, ita in Vandalia Carmona” (como el lucero brilla en la aurora...).

5 comentarios:

José David Rodríguez dijo...

Me gustaría hacer una pequeña apreciación. Desde el punto de vista iconográfico, creo que lo que se representa es una custodia con una pequeña imagen, que tratandose de un contexto religioso, sería de Jesús o la Virgen. Este tipo de representación, no tiene paragón en la numismática medieval española, si bien puede presentar alguna similitud con una serie que se acuñaría 3 siglos más tarde, y que conocemos como reales de "María" del rey austria Carlos II.

elmaravedi dijo...

No es descartable que se trate de una custodia, pero no encuentro la base del cáliz. En esta entrada hay un paño de la Verónica, un poco en la línea que indicas.

Anónimo dijo...

Sr. Roma :
Quiero aprovechar su artículo en este blog para hacerle una pregunta a la que en otros foros no ha sabido responderme nadie y me gustaría que fuera Vd. quien directamente la contestara, ya que se tratra precisamente de su persona.
¿Puede decirme el motivo por el cual no adjudica en su catálogo de la Moneda Medieval ESpañola absolutamente ni una sola moneda a Fernando III "El Santo", a pesar de sus 35 años de reinado?.
ESpero su atenta respuesta.
Muchas gracioas.
Un saludo.

Carlos Zarzoso

elmaravedi dijo...

Hola y gracias por la pregunta. La solución es sencilla: por un lado, ningún documento hay que evidencie un cambio en el sistema de emisiones y, al contrario, hay documentos castellanos de la década de 1220 que señalan que se sigan acuñando pepiones a nombre de Alfonso VIII; segundo, la arqueología es tozuda, hay seis tesorillos del comienzo del reinado de Alfonso X (un buena cifra) que incluyen la primera emisión del Alfonso X y junto a ellos dineros a nombre de Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León.

elmaravedi dijo...

Un poco por tradición la numismática del XIX, Heiss y otros autores han asignado algunas monedas erróneamente, bien porque los datos arqueológicos nos las refieren a otro reinado (los dineros de Fernando IV, por ejemplo, o los seisenas con leyenda moneta castelle et legiones, que son de 1256); o asignan series muy escasas que no encajan de ninguna manera en el sistema de organización de las emisiones monetarias de este período. En ninguno de estos casos, además, los registros arqueológicos nos las puede situar en los primeros cincuenta años del s. XIIII.

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