sábado, 12 de abril de 2014

La moneda falsa, la imitativa, la desmonetizada y la ornamental

En la Edad Media, la denominación falso se aplicaba tanto a monedas acuñadas ilegalmente como a las piezas “legales” que por una u otra razón habían sufrido una fuerte devaluación que las desviaba de las características legalmente atribuidas a las “auténticas”. Y es que como ya es sabido, los mismos reyes se convertían en manipuladores de su propia moneda por el debilitamiento intencionado de la misma, que conservaba su valor oficial, pero reducía su valor intrínseco al verse empobrecida cuando se reducía la proporción de metal precioso. Tanta alteración, propia ya desde los tiempos de Alfonso X, provocaba graves desajustes en las operaciones mercantiles, y en no pocas ocasiones hasta los súbditos ofrecían dinero al monarca para que dejara de acuñar moneda "tan mala" (impuesto de monedaje).

También se consideraban como “falsas” las monedas que habían sido retiradas de la circulación por motivos económicos, en las conocidas “renovatio monetae”, por pertenecer a un sistema monetario anterior o al circulante de un rey usurpador o al del legítimo eliminado por éste.

Esta entrada, como tantas otras publicadas, no se pretendeun estudio exhaustivo sobre la falsificación de moneda en Castilla-León, pero si abordar algunos aspectos relevantes sobre la moneda "falsa" y que a mi entender son: la falsificación como instrumento de debilitamiento político-económico, su distinción de la imitación, la legislación existente y las penas impuestas a los falsificadores, y la relativa "desmonetización"

Queda para otra entrada lo relativo a la técnica en si de acuñación de moneda falsa, que no difiere mucho de la auténtica salvo en los metales empleados.

1) La falsificación como instrumento de debilitamiento político-económico.

Era práctica frecuente en los reinos limítrofes falsificar "moneda de necesidad" o "moneda débil" para debilitar el prestigio del reino en cuestión introduciéndole "moneda mala" y obtener a su vez ganancias, derivadas de la fórmula "valor extrínseco - valor intrínseco - costes de elaboración). 

Así por ejemplo, Pedro IV de Aragón, aprovechando la sangría socio-económica de la guerra castellana entre Pedro I y Enrique II, acuñó desde 1366 reales de vellón con la apariencia de plata con valor de tres maravedís, y un valor intrínseco muy inferior al extrínseco: Moneda aún con ley de plata más baja que la de los propios reales de vellón de Enrique II. 
Real de vellón de Enrique II, cuatro roeles ¿falsa de época?

Y así fué, Pedro IV ordenó a Pedro Çasal, monedero de Barcelona, que iniciara unas acuñaciones en el castillo de Murviedro “per aytal forma que contrafaçats moneda d’argent castellana, a tot juhi aytal com aquella que fa lo rey Enrich”. Esta orden data del 31 de diciembre de 1366, lo que prueba que las emisiones de moneda mala se produjeron inmediatamente después de la coronación de Enrique II. Lo mismo se hizo con los reales de Pedro I. Hay que señalar, que además de en Murviedro, las falsificaciones se llevarían a cabo en diferentes ciudades de la Corona de Aragón, entre las que podemos confirmar Valencia, Barcelona y Tortosa.

En otro documento de Pedro IV, fechado el 28 de agosto de 1367, el rey encarga con carácter secreto a Pedro Sala el traslado de las falsificaciones a la Aljafería de Zaragoza:
 
…bate e face batre moneda dargent Castellana, per tal forma que contraface moneda Castellana dargent. ço es Reyals del Rey don Pedro o del Rey don Enrich, segons que mils conegue. Ques deguen fer daytal e de tambona ley e taylla com son los que bat lo Rey don Pedro, o ha batuts lo Rey don Enrich, o batra sies cas que torn esser Rey…” (ap. XXXVI, Contrate de D. Pere III ab Pere Sala pera la encuyació a Çaregoça de moneda castellana).

Fernando I de Portugal también fabricó moneda castellana de 4 maravedis (como la de Pedro I) y no dudó en ser arrendatario de los talleres aragoneses de Pedro IV.

En 1371 Pedro le ofrecerá a Enrique el cese de las acuñaciones de moneda castellana a cambio de un tributo a Aragón, a lo que el rey castellano se negará. En 1373 será el último año en que se tengan noticias de las acuñaciones de Pedro IV el Ceremonioso de moneda castellana.

Otro ejemplo: también es sabido que Enrique IV hacía labrar en un castillo cerca de Barcelona monedas francesas de mala ley, que las introducía en Francia por tierra y mar, cambiándolas por las de buena ley, las cuales fundían en Barcelona.

2) La imitación

Los musulmanes establecidos en España falsificaban moneda cristiana para introducirla en los reinos cristianos. A su vez, los cristianos labraban moneda falsa musulmana para negociar con los comerciantes árabes, porque éstos no tomaban moneda cristiana. Los “mancusos” catalanes del siglo X sobre monedas hammudíes, los “millareses” de los siglos XIII y XIV, sobre dirhames almohades son buenos ejemplos de ello. Pero "imitación" en estos casos no era sinónimo de moneda baja, sino todo lo contrario. A veces la cantidad de metal noble empleado soprepasaba la ley de la imitada. Como hemos dicho, lo que se pretendía era facilitar las transacciones comerciales con una moneda reconocible entre los comerciantes.

Mancuso de Ramón Berenguer I (1035-1076), condado de Barcelona 
Imitación del dinar de Yahya al-Mutali con leyendas degeneradas
Ex HSA-13206, Imagen de Subasta Vico 7/11/2013

Y como olvidarnos de la moneda imitativa por excelencia, el cornado de Santa Orsa, en palabras de Mendoza Arellano, "una de las monedas más controvertidas de toda la numismática medieval castellana" y quién ha dedicado un excepcional trabajo sobre ella .

Cornado SANTA ORS de Conde Aymar VI
Imagen de OMNI

3) Leyes sobre falsificación de moneda

Fernando III de Castilla (1217-1252) elaboró el Fuero Juzgo, un adaptación romanista del Liber Iudiciorum visigodo. Dentro de esta compilación legislativa se incluyen leyes referentes a los delitos de falsificación y fraude monetario. El libro VII, título VI, ley I, dice así:

Que los siervos deven seer tormentados contra sos sennores que corrompen la moneda. Non defendemos que los siervos non sean tormentados, que digan la verdad contra sos sennores que falsaron la moneda, que cuando ellos fueren tormentados, que podamos por ellos saber la verdad. E si aquel que lo manifiesta es siervo aieno, e pudiese ser provado por verdad lo que dize, si so sennor quisiere, deve ser franqueado, e dele el rey el precio; e si non quisiere so sennor, den al siervo tres onzas d´oro. E si fuere omne libre el que lo descubre, dénle seis onza d´oro”.
La falsificación, que siempre fue considerada un delito de extrema gravedad, lo era más cuando la falta procedía de los señores. Para descubrir su culpabilidad en tales delitos, se recurría a los siervos, a los que estaba permitido torturar para obtener una confesión contra su señor. Si quien descubría el fraude era un siervo ajeno, siempre en el supuesto de que pudiera demostrar la denuncia, el rey pagaría a su señor el rescate para que recuperara la libertad. En caso de que el señor no permitiera su liberación, el siervo recibiría una indemnización de tres onzas de oro, mientras que si el descubridor era hombre libre, recibiría una recompensa de seis onzas.

La pena de muerte ese reservaba para los casos más graves "Quien ficiera maravedís oro falsos, muera por ello". El corte de la mano diestra al siervo o, si era hombre libre, confiscar la mitad de sus bienes, para los casos menos graves, como el cercén o rallado de moneda, o mezcla con metal bajo. Se distingue entre los falsarios y los pobres que han delinquido por necesidad, aunque no por ello la pena es menos dura, estableciéndose el pago de 100 maravedíes, la pérdida de todos los bienes y el paso a condición de siervo del rey o de quien este mande.

 “Quien faze moravedís falsos, o los raye, o los cercena, pues que el juez lo sopiere, préndalo luego: e si fuere siervo, fágale cortar la mano diestra: e si después fuere fallado en tal fecho, sea presentado antel juez, que lo iusticie como quisier. E si el juez no lo quisier fazer lo que es de suso dicho, pierda la quarta parte de su buena. E dévelo aver el rey. E si el que falsa moravedís es omne libre, el rey debe tomar la meatad de lo que a; e si es omne de vil guisa, debe seer siervo de quien el rey mandare. Hy el omne que falsa moneda o la bate, debe recibir otra tal pena cuemo es de suso dicha” (Libro VII, titulo VI, Ley II, Fuero Juzgo).

 “Quien ficiere maravedís en oro falsos, muera por ello, así como los que facen falsa moneda: e qui los royere con lima, o con otra cosa, o los cercenare, pierda la meytad de cuanto oviere, e sea del rey. Y esta misma pena ayan aquellos que alguna destas cosas ficieren en dineros de plata, o de otra moneda por minguarla: et si fuer pobre de L maravedís ayuso, pierda quanto que ha, e sea dado por siervo del rey, o de quien él mandare.” (Fuero real de Alfonso X el Sabio, XII, IV, VII).

Dado que fabricar moneda era regalia o prebenda real, su violación suponía un atentado contra el propio rey, un crimen laesae maiestatis, que conllevaba la muerte en la mayoría de los casos, aunque también se contemplaba en la legislación una serie de excepciones enumeradas en la ley, tales como el desconocimiento por parte del propietario de la casa de dicha actividad, o la inmediata denuncia de la misma, o un trato especial en caso de viudas o huérfanos menores de 14 años, por citar algunas.

“Moneda es cosa con que mercan et viven los homes en este mundo; et por ende non ha poderío de la mandar facer ningunt home si non fuere emperador, o rey o aquellos a quien ellos otrogan poder que la fagan por su mandado: et qualquier otro que se trabaja de la facer face muy grant falsedat et muy grant atrevimiento en querer tomar el poderío que los emperadores et los reyes toyieron para sí señaladamente. Et porque de tal falsedat como esta viene muy grant daño a todo el pueblo, mandamos que cualquier home que ficiere falsa moneda de oro, o de plata o de otro metal qualquier, que se quemado por ello de manera que muera. Esa misma pena mandamos que hayan los que a sabiendas dieren consejo ayuda a los que falsan la moneda quando la facen, et aquello que a sabiendas los encubren en su casa o en su heredamiento. Otrosí decimos que aquellos que cercenaren los dineros que el rey manda correr por su tierra, que deben haber pena por ende, qual entendiere el rey que la merescen. Eso mismo debe ser guardado de buena, o que ficiesen alquimia, engañando a los homes en facerles creer lo que non puede ser segunt natura” (Septima Partida, Titulo VII, Código de las Siete partidas, que se establece como vigente en el Ordenamiento de Alcala de 1348 de Alfonso XI)

No aburriré citando más leyes pero si que conviene señalar que pese a la gravedad de los castigos, el fraude monetario continuó y se convirtió en un grave problema, que se acentuó durante el reinado de Enrique IV. A la moneda falsa circulante había que añadir que existían más de 150 licencias para acuñar monedas, según el cronista de la época Alfonso Flores. Quizás esa afirmación es exagerada, pero si que es cierto, que en muchas de estas casas se fabricaba, en el peor de los casos, moneda falsa, en el mejor, de mala calidad. Este caos monetario desembocó las nuevas regulaciones de los ordenamientos de 1471 y 1473, que con el tiempo, tampoco se mostraron eficientes.

Maravedí auténtico de Enrique IV, ceca La Coruña, ejemplo de ceca real oficial
Imagen de www.imperio-numismatico.com (Colección "currus")

Para todo el que quiera profundizar más en el contenido de los principales ordenamientos sobre legislación monetaria le invito a leer Ordenanzas medievales sobre fabricación de moneda en Castilla. Edición y análisis del vocabulario técnico, brillante tesis de Julio Torres Lázaro.

 4) La desmonetización

Se ha discutido mucho acerca del fenómeno de las monedas agujereadas, barajandose distintas hipótesis y que en mi opinión, todas tienen cabida. En palabras de Antonio Roma, la presencia de agujeros en las monedas puede responder a distintas finalidades que se sucedieron el tiempo. Aunque poco o nada pueda tener con la tradición cristiana, lo cierto es que en los años centrales del siglo XII y en los finales del XIII, encontramos en algunas tumbas, de la misma manera que en otros puntos de Europa, monedas en las manos o en las bocas de los difuntos, por lo que esta costumbre debía estar muy enraizada en la creencia popular.  Nos encontramos con el mito del óbolo que portaba el alma del difunto para pagar al barquero Caronte, y así cruzar la laguna Estigia hacia el mundo extraterrenal, según la mitología griega. Por cierto, esta tesis ha sido cuestionada por la doctora Alicia Arévalo González, de la Universidad de Cádiz.

Este tipo de monedas agujereadas y que aparecen en tumbas o enterramientos, son las llamadas "monedas funerarias" y "reutilizadas" para su posterior circulación, tema éste del cual se ha ocupado Antonio Romero Tapia de tratar con gran profundidad.

Pero también conocemos casos de moneda de mala presencia agujereada y de la cual se permitía su circulación por una valor inferior. La reglamentación de Alfonso XI establece el cargo del veedor de mercados, que es el encargado de agujerear la moneda y devolverla a su poseedor con el valor de la sexta parte de la moneda falsificada.

Cuartillo desmonetizado de Enrique IV, ceca O, no oficial. 
Imagen de www.ebay.es

Por último, excepcionalmente conocemos monedas de bella factura con uno o varios agujeros hábilmente realizados para asociar la moneda a un tejido u otro soporte con una finalidad puramente estética Este hábito es frecuente en la moneda musulmana y persiste desde entonces hasta la actualidad. Otras monedas ven recortadas sus leyendas, posiblemente con esta misma finalidad. Sobre las monedas hispanoárabes con finalidad de joyería, se ha ocupado Antonio Roma en este artículo, el cual recogimos en este blog.

Bibliografía

LA VANGUARDIA, artículo Pere el Cerimoniós fue un gran falsificador de moneda, de 6/12/2013

FERIA Y PÉREZ, RAFAEL, El investigador ante la falsificación numismática, Universidad Complutense de Madrid


RODRÍGUEZ MILLÁN, Elina, VACAS MADRID, David, “Los reales de Pedro I y Enrique II y la falsificación monetaria medieval”, en MUÑOZ SERRULLA, María Teresa (Coord.), Estudios de Historia Monetaria (II), Ab Initio Núm. Extraord. 2 (2012), pp. 9-24 disponible en http://www.ab-initio.es/wp-content/uploads/2013/03/EX0203-REALES.pdf

TORRES LÁZARO, JULIO, "Ordenanzas medievales sobre fabricación de moneda en Castilla. Edición y análisis del vocabulario técnico" Tesis dirigida por el Dr. Juan Miguel Ribera Llopis, Universidad Complutense de Madrid, 1998

FUENTES GANZO, EDUARDO, "Moneda y crédito en el reino de León" (1000-1500), Pecvnia 5 (2007) pp. 53-86

BARRERA CORONADO, LUIS, "Catálogo general de la moneda falsa española". Ed.Artis traditio 2000

ROMA VALDÉS, ANTONIO, "Románico y gótico en la moneda de León y Castilla". Ed. Morabetino 2013

1 comentarios:

bencoins dijo...

Hola soy de bencoins.com, autor de 'La moneda Falsa'. Muy interesantes las leyes con los castigos a los falsarios. Es un tema de imitaciones y falsas de epoca un delito contra el Rey, no de falsificaciones modernas contra coleccionistas, del que trato en mi articulo. http://www.bencoins.com/falsificaciones.pdf

Conocia el tema de imitaciones iberas de moneda romana, ¿así que para comerciar con los romanos imitaban sus monedas? Y muy interesante lo de monedas funerarias (que ya habia leido alguna vez)

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