domingo, 23 de diciembre de 2012

La búsqueda de elementos románicos en las monedas castellano y leonesas de los siglos XI y XII



La revista numismática OMNI en el nº 5 de octubre de 2012 me dio la oportunidad de publicar este artículo sobre "La búsqueda de elementos románicos en las moneda castellano y leonesas de los siglos XI y XII" (también primera mitad del XIII). En esta entrada os dejo con el texto íntegro que fue publicado, si bien he incorporado una pequeña novedad y es la de una imagen de un dinero de Fernando II con retrato del Apostol Santiago, y que en su día no pude encontrar para ejemplificar la parte del texto en el que hablo sobre ella. La imagen ha sido tomada de la reciente subasta numismática de Vico de 14 de noviembre 2012 (Colección Huntington). Espero que os guste el artículo y como siempre agradezco vuestros comentarios, críticas y aportaciones.

La búsqueda de elementos románicos en las monedas castellano y leonesas de los siglos XI y XII

Por José David Rodríguez Prados

Vaya por adelantado mi más profundo agradecimiento a la Revista OMNI permitiéndome utilizar generosamente su espacio de difusión de conocimiento para dar a conocer al público en general el presente trabajo, así como agradecer al amable lector su tiempo y dedicación, confiando en que su lectura haya servido para su goce y disfrute.
  
El arte románico encuentra diferentes formas de plasmación a través de la arquitectura, la pintura, la escultura, el relieve o la orfebrería. Pero otra forma de expresión no tan conocida, o quizás no tan estudiada, es la numismática. Por las características propias del soporte utilizado, un trozo de metal que en la mayoría de las ocasiones no supera los dos centímetros de diámetro, no encontraremos una gran profusión de detalles, sin embargo, es digno de mención la elevada carga simbólica que pretende transmitir un mensaje con toda su fuerza. Nuestro propósito en este artículo es recopilar cuáles son esos elementos y dilucidar el significado que su simbolismo oculta.

EL ARTE ROMANICO EN GENERAL, Y EN CASTILLA-LEÓN EN PARTICULAR

El Románico es el arte de la plena Edad Media. El estilo artístico se adapta a una sociedad ruralizada, inculta, controlada intelectualmente por la Iglesia y que únicamente orientaba sus acciones a la Salvación eterna. Por eso va a ser el arte de la irracionalidad, el oscurantismo y el misterio, cargado de experiencias sensoriales, captadas a través de la imagen que el hombre medieval acumula,  sistematiza y relaciona entre si, dándoles una descripción y una interpretación. (1)

Es un arte relacionado con la fe, surgido de una cultura teológica. Este estilo es el resultado de la integración de fórmulas constructivas y estéticas de diversa procedencia: romana, prerrománica, bizantina, germánica y árabe, hasta alcanzar una unidad de criterios y una personalidad considerables. Pero no se puede considerar este estilo como algo completamente homogéneo en el doble plano espacial y cronológico, puesto que se dan “variedades regionales” y una evolución temporal de maduración y decadencia, hablándose así de diferentes períodos, a saber, prerrománico, románico puro y postrománico.

El arte románico esta al servicio de la arquitectura.  La escultura y la pintura no existen al margen de la religión y su lugar de destino es siempre el templo, la iglesia o el monasterio y con una misión de ornamentación. La construcción románica por excelencia es la Iglesia, entendida como ofrenda y exaltación de Dios. Su estética exterior debe ser atractiva, pero interiormente tiene que ser sencilla, oscura y recogida, como “el alma humana”. A propósito del análisis de una moneda tendremos más adelante tiempo para detenernos en los principales elementos arquitectónicos románicos.

La iconografía románica, al ser un arte controlado por la Iglesia, busca un mensaje ejemplificador para el público: el miedo, el castigo, la protección de la Iglesia, pero a su vez,  pedagógico y mediante la escultura y la pintura se pretende educar al pueblo y someterlo, más por el temor a Dios que por la comprensión de su mensaje. Por eso las fachadas románicas poseen a menudo monstruos y animales mitológicos para asustar a las gentes, además de pasajes bíblicos sencillos para educar a un pueblo analfabeto.

El tema religioso más representado fue la Majestad del Señor, el Pantocrator Cristo se presenta con toda majestuosidad para juzgar a los hombres, para dar fe de su grandeza divina y del fin de los tiempos. Su figura es desmesuradamente grande, fuera de lo temporal y humano, alejada de lo circunstancial y terrenal. También son representados el tetramorfos, que se trata de la representación de los evangelistas con sus símbolos respectivos: San Marcos-león, San Lucas-toro, San Juan-águila y San Mateo-ángel; y la Maiestas Mariae o Virgen como trono salvador y mediadora entre los hombres y Dios. En estas representaciones la madre suele sentarse hierática y ausente como trono o sede del Niño Jesús. A veces se la representa con los apóstoles, ocupando un puesto preferencial, dando fe de la divinidad de Cristo. Escasos motivos vegetales, seres mitológicos, demoníacos, animalísticos y representaciones de astros (el sol, la luna, las estrellas), conforman la iconografía románica.

Los orígenes del estilo románico hay que buscarlos es el monasterio de Cluny. La donación del duque de Aquitania Guillermo III en el 909 permite que el abad Brumón funde en la villa de Cluny en Borgoña un monasterio con doce monjes. Allí se elaboró una reforma, la cluniaciense, basada en la adoración por todos los fieles de las reliquias de santos y que sólo podían poseer los monjes. Con el paso del tiempo la orden se fue haciendo económica e ideológicamente más fuerte (2), lo que supuso la expansión de la orden por toda Europa y la construcción de otros centros monacales, así como la instauración de vías de peregrinación, que supusieron un fuerte impulso económico y que ayudaron a la  difusión del arte románico. En España, la ruta de peregrinación fue la ya consabida jacobea hacia Santiago.

 En Castilla-León el arte románico tuvo su principal precursor en Alfonso VI (1072 – 1109) quién heredó de su padre Fernando la admiración por Cluny (a cuyo monasterio regaló en 1077 dos mil dinares de oro para financiar las obras del Cluny III) y fue el más grande propagador de la arquitectura románica y el introductor “oficial” de la liturgia romana en todos los monasterios e iglesias de su reino, comenzando por el monasterio de Sahagún que fue el pionero y el más famoso de su época. Con Alfonso VII (1105 – 1157) se desarrolló ampliamente la arquitectura cisterciense. Este rey protegió e hizo numerosas donaciones a los grandes monasterios situados en su reino. Más adelante hablaremos de las cesiones de beneficios por acuñación que tuvieron algunas diócesis.

Como manifestaciones arquitectónicas más importantes que han perdurado en Castilla-León de aquella época tenemos magníficas arquitecturas como Nuestra Señora de la Anunciada en Urueña (Valladolid), San Pelayo en Perazancas (Palencia), el monasterio de Santo Domingo de Silos (Soria), San Benito (Sahugún), San Isidoro (León) San Martín de Tours en Bromista (Palencia), entre otras de excepcional belleza. Como manifestaciones escultóricas y pictóricas destacar El Cristo del convento de Astudillo de Santa Clara (Palencia), el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León, el Adán y Eva de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo, entre otros muchos ejemplos.

ELEMENTOS ROMÁNICOS EN LA MONEDA CASTELLANO Y LEONESA

Si bien resulte apresurado decir que las primeras emisiones castellano-leonesas adoptan el patrón carolingio, en cuanto a simbología si que podemos aseverar que su influencia está muy presente en el numerario castellano-leonés de los siglos XI y XII. Y ello fruto de la gran influencia que ejerció la Corte de la Reina Constanza, esposa de Alfonso VI, con gran presencia de monjes cluniacenses y de borgoñones, lo cual se dejo notar en todas las manifestaciones artísticas románicas de la época, incluidas las numismáticas.

A continuación vamos a analizar los elementos de tipo románico que podemos encontrar en las monedas castellano-leonesas:

La Cruz

Representa la contraposición del cielo con la tierra. Los brazos se interseccionan en el centro, generándose cuatro segmentos que originan un cuadrado (otro elemento relacionado en las culturas antiguas con la contraposición cielo – tierra). La cruz cristiana, se refiere al método de ejecución de Jesucristo, el que para los cristianos es un “árbol de la salvación”, y es el símbolo religioso más popular en la cristiandad. Su forma varía entre las diferentes comunidades cristianas, pero todas ellas coinciden en que se pueden ver los significados como la orientación espacial  (este – oeste), temporal (norte – sur) o mística la escala por la cual las almas llegan hasta Dios y que, incluso, representa la divinidad de Jesús –brazo vertical- y su humanidad –brazo horizontal).

A partir de Alfonso VI (1065 – 1109) nos encontramos que la cruz está representada en forma de cruz griega. Ello es debido al pasaje por el cual Santa Elena corta la parte baja de la Cruz del Calvario para enviarlo al Papado de Roma, permaneciendo el resto de la Cruz en Jerusalem en forma equilátera. Esto explica, por ejemplo, que en la simbología de los Cruzados se utilice la cruz equilátera.

El árbol

El árbol de la vida (lignum vitae) es un elemento común a la mayoría de las religiones y culturas: para los egipcios se trataba de una representación de la vida y de la muerte, la conexión entre dos mundos. En la cultura  escandinava, el árbol o Yggdrasil es aquel en el que Odin obtuvo la sabiduría de las runas tras permanecer colgado durante nueve días y nueve noches (3). Para las culturas precolombinas el árbol conectaba el inframundo (raíces), con el mundo terrenal (tronco) y el cielo (la copa). En definitiva, el árbol es un símbolo de gran riqueza, y evoca verticalidad y ascenso. Simboliza el carácter cíclico de la evolución cósmica en las fases de muerte y regeneración como señalan la caída de las hojas y la aparición de otras nuevas. Para la cultura judía, el árbol alude a la Torá misma, componiendo su representación a través de diez sefirot o esferas de atributos divinos.

Desde una perspectiva cristiana el árbol de la vida es simbólicamente visto como Jesucristo en la Cruz.  Su ubicación es en el paraíso, en el centro del mundo, de donde emanan los cuatro ríos del paraíso (Génesis 2:9). En el final de los tiempos el Árbol de la Vida se alzará en el centro de la Ciudad Celestial (Revelaciones 22: 1-2), y así en la tradición cristiana se ha reconocido la existencia de un profundo vínculo entre la Cruz de Jesucristo y el árbol de la vida.

Elementos cósmicos

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo del hombre para que te cuides de él? (Salmos, 8:4-5)”. Esta mención sirve de base para entender el mensaje iconográfico que los aros y estrellas transmiten; el mensaje de la grandeza de Dios como creador del cosmos. Un mensaje que unido a la cruz, que representa la victoria de la religión cristiana (4) era perfectamente entendido por la población analfabeta.

Por ello, Alfonso VI decidió utilizar su moneda como engrandecimiento de Dios, y lo hizo utilizando la primera frase de la Biblia conocida por todos: “En el principio, creó Dios el [los] Cielo[s] y la Tierra” (Génesis 1:1). Y eso es lo que acuñó, un símbolo polisémico de la Creación del Mundo: el cielo en forma de estrellas, y los astros en forma de círculos. Con la formación por duplicado se pretendía emular su movimiento, que a medida que avanza, genera el tiempo, pasado, presente y futuro, transmitiendo la imagen de Dios como Señor del Mundo (Cosmocreator), del Tiempo (Cronocreator) y de Todo lo Creado (Pantocrator). (5)

Dios es el protagonista: por un lado muestra una cruz, símbolo inequivoco de la victoria de la religión cristiana de origen astur con su lema “Hoc Signo Vincitvr Inimicos” o “Hoc Signo Tvetvr Pivs”, y por el otro, dos aros y dos estrellas de seis puntas, emblema que necesariamente tenía que ser entendido por todo un pueblo cuyas creencias religiosas eran muy profundas, pero cuyo nivel cultural era bajo, pues la mayoría de la gente no sabía ni leer ni escribir.

Elementos litúrgicos

En monedas de Alfonso VI y VII los elementos litúrgicos fundamentalmente se encuentran en las monedas de leyenda SOCOVIA y otras variantes (6) de concesión monacal  al prelado de Santiago (7) en primera instancia y, a partir de 1107 al Obispado de Segovia (recuérdese por ejemplo la cesión de la cuarta parte de moneda acuñada en Segovia). En estas se suelen encontrar elementos pastorales típicos como báculos y otros elementos eclesiásticos. También se conocen otros ejemplares para Toledo.


 Elementos animalísticos. El león.

Los elementos animalísticos eran muy comunes en la moneda ya desde la época romana y aunque en la pintura y escultura románicas estaban muy difundidos, en la moneda medieval castellano-leonesa se reducen al uso exclusivo de la figura del león, con distintas connotaciones como veremos a continuación.

Dentro del rico simbolismo animal de la Edad Media, el león ocupa sin lugar a dudas una posición privilegiada. En su consideración simbólica confluyen diversas tradiciones de la antigüedad que suelen coincidir en atribuirle valores de fortaleza y poder, entre otros muchos aspectos de su polivalente significado. Esto hace de él una criatura fácilmente asimilable a la figura del soberano o a la divinidad. De hecho a veces se le identifica con el propio Cristo aludiendo a la Encarnación porque el león borra con su cola sus huellas para despistar al cazador de la misma forma que la divinidad de Cristo se oculta en el seno de una Virgen. Y también a la resurrección se hace referencia porque, según se decía, el león duerme con los ojos abiertos, de la misma forma que Cristo parecía dormir en su muerte pero resucitó.

Autores altomedievales como San Isidoro o Rabano Mauro califican al león de princeps omnium bestiarium (“Príncipe de todas las bestias”) o de rex bestiarum (“Rey de las bestias”). Ya con un sentido más místico, la figura del león está relacionada como el monstruo guardián de los centros del mundo, de ahí que aparezca asociado a las puertas de palacios y templos, por tanto siempre se le atribuye un sentido de “custodia”. Otras culturas le dan un sentido andrófago, el león devora al hombre, le da muerte, como escalón previo al ascenso a los cielos.


El emblema

Es un signo idealizado que quiere representar una idea de poder de un ser físico, mítico o moral. Ejemplos pueden ser un escudo, una bandera nacional o la palma del vencedor. A veces el emblema alcanza un elevado valor psicológico cuando se asocia con motivos sagrados o sacralizados.

Sin embargo señalar como por ejemplo la propia figura del león, a parte de los valores intrínsecos antes señalados y que el propio rey quería atribuirse para si, actúa en el ejemplo de morabetino de Fernando II a modo de signo que representa a todo un reino, el de su homónimo (8). Hay otros muchos ejemplos de monedas de Fernando II y de su sobrino Alfonso VII, aunque hoy por hoy se desconoce la razón de utilizarse la figura del animal como emblema del reino.

La figura y la escena

La figura es la representación de una persona aislada, fuera de cualquier acción determinada. Bajo el término de persona se incluye a los seres humanos o a los representados como tales (las divinidades) o bajo aspectos morfológicos como los seres híbridos (cíclopes, esciápodos). Cuando la persona esta desarrollando una acción, hablamos de escena. Del cristianismo en general, y del románico en particular, serán típicas las escenas basadas en el Antiguo, el Nuevo testamento y los Apócrifos.


Los símbolos zoomorfos serán frecuentes en la moneda medieval castellano-leonesa de los siglos XI y XII. Así aparecen figuras mixtas animal-humano, como la del propio Alfonso VII que, sin ir más lejos, se hizo representar con una monumental cabeza de felino aislada y de frente. En otras ocasiones aparece con cabeza humana y cuerpo de león.


En la Baja Edad Media no son demasiado frecuentes  las representaciones de acción de personajes, aunque si que encontramos algunos ejemplos como este dinero de Alfonso VIII de ceca ¿Segovia? y cuya acuñación apunta hacia el 1160. La escena representa una entrada triunfal del jinete (Alfonso VIII) portando lo que parece un cetro triunfal en su mano izquierda y una espada en la derecha. No es la primera escena ecuestre que conocemos en moneda castellano-leonesa. La representación del rey a caballo es un signo característico de la afirmación de poder que podemos encontrar en el pendón de Baeza de Alfonso VII de la Colegiata de San Isidoro de León o las representaciones de Alfonso IX en el Tumbo A de la catedral de Santiago (9).

Hablando de Santiago, existe otra acuñación mítica de la ceca compostelana (10) de tiempos de Fernando II y que representa la escena de la traslación en una embarcación (11) del Apóstol Santiago y sus dos discípulos Atanasio y Teodoro (primer y segundo Epíscopos de Zaragoza, respectivamente). La moneda fue descubierta por el profesor Carro Otero de la Universidad de Santiago de Compostela en 1985 durante unas excavaciones en Adro Vello (O Grove, Pontevedra) y se conserva actualmente en el Museo de las Peregrinaciones.



El retrato

Es la representación aislada de un personaje, cuyo rostro responde al reflejo de un modelo real. Otras veces las representaciones se refieren a animales y plantas. En arte románico el retrato es de  un rígido frontalismo que confiere a su rostro una expresión hierática y distante. Los trazos son firmes, marcados y sin volumen. La representación puede ser de frente o de perfil. El retrato más extendido es el regio, si bien conocemos algún caso puntual de dinero compostelano donde se representa, por ejemplo a Santiago Apóstol. (12)
Elementos arquitectónicos

En esta moneda nos encontramos la representación de un templo románico, sin embargo se trata de un símbolo que trasciende del mero icono arquitectónico, dado que esa misma tipología existe para varias cecas, por lo que no podemos decir que represente la sede catedralicia del lugar de acuñación. Por otro lado, señala León España (13) que a tenor de la leyenda LEO, podría tratarse del palacio que Alfonso VII cedió como sede catedralicia. Para dicho autor, sea como fuere, el efecto simbólico y propagandístico del edificio es evidente: la generosidad real, que cede sus bienes terrenales para el culto divino. Sea como fuere, en el templo románico representado en la imagen del dinero de Alfonso VII se pueden apreciar algunos de lo elementos arquitectónicos románicos.


ÁBSIDE.- Parte abovedada, generalmente semicircular que sobresale en la fachada posterior.
ARCO DE MEDIO PUNTO.- Elemento curvo (media circunferencia) de construcción que sirve para cubrir un hueco con dos pilares o puntos fijos.
BÓVEDA DE CAÑÓN.- Construcción de sección en forma de arco, que sirve para cubrir el espacio comprendido entre dos muros, entre varios pilares o puntos fijos.
CAMPANARIO.- torre, espadaña o armadura donde se colocan las campanas. CAPITEL.- Parte superior de la columna que corona el fuste.
CIMBORRIO.- Cúpula exterior sobre el crucero.
CONTRAFUERTE.- Machón saliente en el paramento de un muro para fortalecerlo. CRIPTA.- Lugar subterráneo dedicado al culto. En el se veneraban las reliquias de los santos.
CRUCERO.- Espacio en que se cruza la nave mayor y la que la atraviesa.
GIROLA.- Nave que rodea el ábside.
NAVE.- Espacio que se extiende a lo largo entre muros o filas de arcadas.
PLANTA DE CRUZ LATINA.- Es el dibujo que forma la iglesia sobre el terreno. Se le llamaba así porque recuerda la forma de una cruz.
PECHINA.- Triángulo curvilíneo, que con otros tres forma el anillo de la cúpula con los arcos torales.
PILAR.- Elemento vertical en forma de prisma que sirve para sostener la estructura.
TRIFORAS.- Ventanas de tres huecos.
TRIFORIO.- Galería que rodea el interior de la iglesia sobre los arcos de las naves y que suele tener triforas.

Otro elemento arquitectónico que podemos encontrar es la representación de murallas, si bien solo se conoce un caso aislado, este dinero de Alfonso VII que representa las murallas de Ávila. Se inició la construcción de dichas murallas a finales del siglo XI a instancias del rey Alfonso VI, el cual encargó al conde Raimundo de Borgoña, marido de su hija la infanta doña Urraca, repoblar los territorios llamados “de nadie” y fortificar las ciudades de Ávila , Segovia, y Salamanca. La forma polilobulada en cinco lóbulos se asemeja a la primitiva configuración de la muralla de la ciudad. Esa conclusión queda respaldada por la leyenda AVILA CIVIS (Imagen Fundación León-España).

Era frecuente  situar una torre de defensa que, en el caso de Toledo, por ejemplo se ubicaba encima del propio puente que salvaba la defensa natural del río Tajo, y en las sedes episcopales era normal que dicha responsabilidad fuese asumida por el propio obispo. En la moneda tal torreón se convierte en una simbólica mitra episcopal cargada de simbolismo, esto es, sugerir la fortaleza militar del arzobispado, y económica, como destinatario parcial de las ganancias de la fabricación de moneda.


Arquitectura también comúnmente representada y que a su vez supone una imagen de emblema es el castillo, que transmite la idea de fortaleza y solidez regia. Con el transcurso del tiempo, y ya en tiempos de Alfonso VIII (1158 – 1214), pasará a ser emblema del Reino de Castilla, en alusión a éste como territorio.
 
La propia marca de ceca

La inicial o letra que designa la ceca también es en si representativa de la localidad que acuña la moneda, sustituyendo a la expresión completa. Mediante esa inicial debía de conocerse la ceca acuñadora. Las primeras marcas de ceca se dieron en tiempos de Alfonso VII, a raíz de una emisión conmemorativa de la toma de Zaragoza en 1134 (14).

La escritura

La primera acuñación castellano-leonesa, este magnífico dinero de Alfonso VI, acuñado inmediatamente después de la conquista de Toledo en 1085, responde a un tipo denominado “escritura visigótica” o “littera toletana” (15) . Aunque su aspecto puede recordar al de los trientes visigodos, no estamos ante el mismo tipo de escritura, dado que los visigodos empleaban el alfabeto latino (16) en sus monedas. 

La escritura visigótica rápidamente fue sustituida por la “escritura carolina” y eso tendrá su impronta en las monedas de Alfonso VI y de Urraca. También llamada carolingia, poco se sabe de su origen, si bien en ella se encuentran influencias romanas y francas.

La escritura carolina se extendió por toda Europa a partir del siglo IX, a raíz de la expansión del Imperio de Carlomagno. En España este tipo de escritura se introduce paulatinamente en el siglo IX en la Marca Hispánica (17) no llegando a Castilla hasta el siglo XI con Alfonso VI, por influencia francesa de la corte (18). Alfonso VI trató de facilitar la implantación de la liturgia romana o cluniacense en sus reinos, sustitutiva de la vieja Lex Romana Visigothorum. Para ello trajo a Castilla desde Francia, varios monjes de Cluny como Bernardo de Sedirac, que fue nombrado abad de Sahagún en 1081 y arzobispo de Toledo por Urbano II en 1088. Éste, molesto por el excesivo respeto del rey a los sarracenos, le convenció para que adoptase el arte románico monetario europeo, esto es el carolingio, en su moneda.

 El Crismón  y Alfa - omega


Crismón, como vulgarización del carolingio “Mi Cristo” (Christ Mon o Christ Mien), representa un símbolo de Dios y de Cristo.

El crismón más usualmente admitido es la representación del monograma de Cristo, XP. Consiste en las letras griegas X (ji) y P (ro), las dos primeras del nombre de Cristo en griego: Χριστός (Khristós) (19). El crismón está acompañado con otros elementos como las letras Λ (alfa) y ω (omega), que representan el principio y fin de todas las cosas, como simboliza Cristo en las religiones cristianas.
Por otra parte, la explicación de las letras Λ y ω viene dada por otro versículo de la Biblia que dice: “Yo [Dios] soy un hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin” (Apocalipsis, 21:6). Posteriormente, estas representaciones de Dios se unieron para dar al crismón la visión dualista de Dios y de su hijo, Cristo: XPS formado de una X que hace de aspa del crismón, una P que cruza a la X, una S que se retuerce sobre el vástago de la P, y las dos letras griegas Λ y ω, principio y fin del alfabeto griego, pendientes de la X (20).

Hasta aquí el presente trabajo que ha pretendido realizar una síntesis de los principales elementos románicos que se encuentran presentes en la moneda castellano-leonesa de los siglos XI y XII.

BIBLIOGRAFIA
  
Sebastián López, S.: Mensaje simbólico del Arte Medieval. Arquitectura , Iconología y liturgia, Ed. Encuentro, 1994.

García García, F., “El león y el trono en la iconografía medieval: imagen de poder y exégesis teológica” Memoria del XVII Congreso Nacional de Historia del Arte, organizado con la Universidad Complutense de Madrid, Septiembre 2008.
  
FUNDACIÓN LEÓN DE ESPAÑA (L.H.C.), «El árbol de la vida del emperador», Crónica Numismática, 157, (Madrid, 15 de marzo 2004), pp. 42-43.

FUNDACIÓN LEÓN DE ESPAÑA (L.H.C.), «La divisa del Emperador», Crónica Numismática, 154, (Madrid, 15 de diciembre 2003), pp. 38-42.

FUNDACIÓN LEÓN DE ESPAÑA (L.H.C.), «Símbolos arquitectónicos en la moneda de Alfonso Raímundez», Crónica Numismática, 154, Septiembre 2003, pp. 38-41.

Mozo Monroy, M. y García F.J. “Primeras labras de vellón acuñadas en Toledo (siglos XI y XII). Propuesta de interpretación iconográfica http://numismaticamedieval.blogspot.com.es/2012/02/primeras-labras-de-vellon-acunadas-en.html

MARCOS, J. J.: "Escritura visigótica. Siglos VIII-XII d.C.": http://guindo.pntic.mec.es/~jmag0042/escritura_visigotica.pdf

MARCOS, J. J.: "Escritura carolina. Siglos VIII-XII d.C.": http://guindo.pntic.mec.es/~jmag0042/escritura_carolina.pdf


Roma Valdés, A. “Las monedas compostelanas entre 1157 y 1230” Gallaecia nº22, año 2003, pgs 369 a 382

Arévalo Carretero, Celso, “Época de los dineros feudales románicos”, en Cultura Segoviana, 3 (febrero 1932), pp. 17-42.

Orol Pernás "Monedas ecuestres de Alfonso VII de Castilla y León. Acuñación conmemorativa labrada en el Reino de Galicia" Numisma nº 231, 1992

Webs consultadas:


Notas a pie de página:
 
(1)    Entramos en el terreno de la iconografía. La iconografía, desde el punto de vista etimológico esta palabra consta de dos vocablos de origen griego: eikon (imagen) y graphein (descripción), y es la ciencia que trata de la descripción de las imágenes. Este término fue utilizado por primera vez en 1701 en el Diccionario de Furetière. La iconología da un paso más allá, estudia las imágenes en todos sus aspectos, las compara y las clasifica, llegando incluso a formular leyes o reglas para conocer su antigüedad y diversos significados e interpretaciones. Sebastián López, S.: Mensaje simbólico del Arte Medieval. Arquitectura , Iconología y liturgia, Ed. Encuentro, 1994.

(2)   Eran frecuentes las ofrendas de los fieles que acudían a adorar reliquias y donaciones nobiliarias en señal de gratitud.
 
(3)   FUNDACIÓN LEÓN DE ESPAÑA (L.H.C.), «El árbol de la vida del emperador», Crónica Numismática, 157, (Madrid, 15 de marzo 2004), pp. 42-43.

(4)   Lema de origen astur “Hoc Signo Vincitvr Inimicos”

(5)    Véase Mozo Monroy, M. y García F.J. “Primeras labras de vellón acuñadas en Toledo (siglos XI y XII). Propuesta de interpretación iconográfica publicado en http://numismaticamedieval.blogspot.com.es/ el 2 febrero 2012.
(6)   Existen variantes como SVCOVIACI, SOCOVIACIV, SVCOVIA

(7)   A Gelmirez. Documento in Zamora V idus aprilis Era MCLXXIII. Adefonso Imperante in Toledo, in Legione, in Saragoza, Naxara, Castella, Galicia. Ego Adefonsus Imperator hanc cartan iussi fieri, et factan propia manu rovoravi in anmo quo Imperatorem coronatus fui.

(8)   FUNDACIÓN LEÓN DE ESPAÑA (L.H.C.), «La divisa del Emperador», Crónica Numismática, 154, (Madrid, 15 de diciembre 2003), pp. 38-42.

(9)   Comentarios de Antonio Roma en “Un repaso por las joyas medievales de Vico”. Véase http://numismaticamedieval.blogspot.com.es/2012/02/un-repaso-por-las-joyas-medievales-de_13.html

(10) La moneda de 13mm y 0.27g de peso en el anverso mantiene el tradicional león mirando a derechas, acimado por una cruz con vástago y leyenda +FERNANDVSREX. Fue en el reverso donde se incluyó toda la carga apostólica, representando una embarcación que transporta el cuerpo del Apóstol y a sus dos discípulos Atanasio y Teodoro (primer y segundo Epíscopos de Zaragoza, respectivamente), por encima, la leyenda SIA-COBI. Véase http://hnumisma.blogspot.com.es/2011/07/la-traslatio-del-apostol-santiago.html

(11) La embarcación responde a un hulk, un barco de pequeño calado utilizado por los peregrinos normandos en sus transacciones mercantiles en los principales puertos gallegos. Véase http://hnumisma.blogspot.com.es/2011/07/la-traslatio-del-apostol-santiago.html

(12) En una cara de estos dineros se muestra el busto de frente de Santiago bajo el que se lee en semicírculo IACOBI. En el reverso se dibuja un león tras el cual se presenta una cruz y debajo REX. Veáse Roma Valdés, A. “Las monedas compostelanas entre 1157 y 1230” publicado en Gallaecia nº22, año 2003, pgs 369 a 382

(13) Veáse FUNDACIÓN LEÓN DE ESPAÑA (L.H.C.), «Símbolos arquitectónicos en la moneda de Alfonso Raímundez», Crónica Numismática, 154, Septiembre 2003, pp. 38-41.

(14) Veáse Orol Pernás "Monedas ecuestres de Alfonso VII de Castilla y León. Acuñación conmemorativa labrada en el Reino de Galicia" Numisma nº 231, 1992 “(…) estamos ante unas acuñaciones conmemorativas de una importante campaña militar labradas por los reinos y antiguos reinos de las que se conocen las correspondientes a alguno de ellos y que por los títulos de dicho documento (se refiere  al Privilegio de concesión  del 27 de septiembre de 1135 por el cual Alfonso VII concede al obispado de Zaragoza beneficios sobre sus acuñaciones labradas en esta ciudad y donde hay una referencia tal como Adefonso imperatore regnante in Toleto et Legione et Cesaraugusta et Naiara in Castella et Galician) podemos llegar a la conclusión que anticipó Pío Beltrán. Tenemos para Toledo, TO; para Legione, LE; para Cesaraugusta, CA; para Castilla, BV (Burgos)”

(15) También recibe otros nombres como “escritura española” o “littera mozarabica” . MARCOS, J. J.: "Escritura visigótica. Siglos VIII-XII d.C.": http://guindo.pntic.mec.es/~jmag0042/escritura_visigotica.pdf

(16) Solo en un principio utilizaron los visigodos el alfabeto ulfilano, quedando rápidamente restringido su uso a los documentos religiosos arrianos y, tras la conversión al cristianismo bajo Recaredo, fue prohibido. MARCOS, J. J.: "Escritura visigótica. Siglos VIII-XII d.C.": http://guindo.pntic.mec.es/~jmag0042/escritura_visigotica.pdf

(17) La Marca Hispánica era el territorio comprendido entre la frontera político-militar del Imperio carolingio con Al-Ándalus y los Pirineos, desde finales del siglo VIII hasta su independencia efectiva en diversos reinos y condados. A diferencia de otras marcas carolingias, la Marca Hispánica no tenía una estructura administrativa unificada propia. Véase http://es.wikipedia.org/wiki/Marca_Hisp%C3%A1nica

(18) Recuérdese su matrimonio con Constanza de Borgoña

(19) Monroy, M. y García F.J. “Primeras labras de vellón acuñadas en Toledo (siglos XI y XII). Propuesta de interpretación iconográfica, publicado en http://numismaticamedieval.blogspot.com.es/2012/02/primeras-labras-de-vellon-acunadas-en.html

(20) El Antiguo Testamento se escribió en arameo, pasando al hebreo, y al griego, versión conocida como “De los 30 Sabios”, y por último al latín o Biblia Vulgata. Si bien en la Alta Edad Media, el rito religioso se impartía en latín, no es menos cierto que para la espiritualidad canónica el griego era la lengua religiosa culta. Cristo era “el Úngido”, es decir "Χριστός" (Xhristos o Christos) en griego arcaico, que se abreviaba en la forma XPS, lectura de las letras x (ji) ρ (ro) ς (sigma) de ‘Xhristos’. Cuando el Emperador Constantino se convirtió al cristianismo, decidió portar el lábaro con el cristograma en sus dos primeras letras “XP”, de la misma manera que lo hicieron los emperadores romanos. Véase Mozo Monroy, M. y García F.J. “Primeras labras de vellón acuñadas en Toledo (siglos XI y XII). Propuesta de interpretación iconográfica publicado en http://numismaticamedieval.blogspot.com.es/2012/02/primeras-labras-de-vellon-acunadas-en.html

2 comentarios:

Xanín dijo...

Lamentable confusión entre una Comunidad Autónoma (Castilla y León) que adquirió su status como tal en 1983, el Reino de León, el Reino de Castilla y sus respectivos gentilicios. En el medievo, el gentilicio correcto es leonés para lo leonés y castellano para lo castellano. Castellano y leonés y sus variantes gramaticales en género y número, es el gentilicio de la Comunidad Autónoma empleado para todo aquello común e indivisible de la C.A. de Castilla y León (V.gr. El Ejecutivo castellano y leonés) empleando el gentilicio leonés para lo relativo a la Región Leonesa y castellano para lo castellano. Por lo tanto el título:" monedas castellano y leonesas" es erróneo. "Castilla-León" es un término inadecuado e inexistente.

José David Rodríguez dijo...

Esto ya lo he explicado en reiteradas ocasiones, se ha trasladado la literalidad del texto en su dia publicado en la revista OMNI y que no hubo posibilidad de modificación por estar en impresión. Yo he querido recoger el texto literal consciente en todo momento de que el titulo no sea correcto para designar la realidad de aquella época. Sabido es que ambos reinos mantuvieron su independencia jurídica y económica, su fueros y sus costumbres. Su comentario se agradece en todo caso y espero haya disfrutado con el resto del artículo

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