jueves, 23 de febrero de 2012

Las primeras acuñaciones almohades

span style="font-size: 130%; font-style: italic;">Artículo de Salvador Fontenla Ballesta, publicado en NVMISMA 244. Enero - Diciembre 2000. Año L. Págs. 53-59.

RESUMEN
Las primeras acuñaciones almohades se pueden fechar en vida del fundador Ibn Tûmart; así lo señalan diferentes indicios de carácter positivo, aunque seguramente sólo fueran monedas de plata. Fue Abd al-Mu’min el que iniciaría las acuñaciones de oro. También parece ser que las acuñaciones de oro estuvieron centralizadas, como atribución d
el Califa, y en todo caso delegadas en los gobernadores de las provincias del Imperio. Las monedas de plata debieron tener mayor descentralización en gobernadores de plazas y lugartenientes.

JUSTIFICACIÓN DE ESTE TRABAJO
El profesor Rodrigues Marinho (1985, 184 y 185) asegura que Ibn Qasî emitió quirates con leyendas alusivas a al-Mahdî en el año 539, sin que estuviese influenciado por los almohades, que presumiblemente no iniciaron sus emisiones hasta la toma de
Marraquech (RODRIGUES MARINHO 1985, 185). Esta hipótesis es seguida por SIDARUS (1992, 37) y KASSIS (1997, 322): «con bastante seguridad podemos afirmar que las primeras monedas almohades debieron ser los quirates acuñados por Ahmad b. Qasî en el occidente de al-Andalus… El primer dinar acuñado a nombre de Abd al-Mu’min fue batido en la ceca de Jaén en el año 541 H.».

Me parece, en principio, muy aventurado asegurar que los almohades todavía no habían emitido monedas cuando el régulo Ibn Qasî acuñó monedas en el año 539, porque para entonces ya habían pasado 24 años desde la proclamación de Ibn Tûmart como Mahdî y 13 años desde que Abd al-Mu’min fue jurado públicamente como emir en Tînmal (VIGUERA 1997, 81). La conocida costumbre almohade de no fechar sus monedas y poner rarame
nte la ceca dificulta las precisiones cronológicas más allá del reinado, o en su caso de la conquista o pérdida de una ciudad. El análisis de tesorillos magrebíes fechados en los primeros tiempos almohades puede dar más luz sobre el tema.

LAS MONEDAS A NOMBRE DE AL-MAHDÎ
Las monedas de plata cuadradas con el nombre de al-Mahdî en el reverso se han considerado tradicionalmente anónimas, porque «aunque pudiera haber quien supusiera que estas monedas fueron acuñadas en vida del fundador de la secta almohade al-Mahdî, no puede admitirse hoy en manera alguna, por constar en ellas el nombre de poblaciones que no fueron conquistadas por los almohades hasta después de la muerte de al-Mahdî; atendiendo a su in
menso número y a la variedad de las poblaciones que en ellas constan, creemos que fueron acuñadas durante todo el imperio almohade; si bien por razones históricas hay que excluirlas del reinado de Idrîs al-Mamûn y algún otro» (CODERA 1879, 22), pero si fueron acuñadas durante todo el imperio almohade, ¿por qué no durante el gobierno de Ibn Tûmart? cuyo nombre (al-Mahdî) consta, precisamente, en los reversos de los dirhemes cuadrados (V. 2.088), cuando además las fuentes nos proporcionan datos poco dudosos sobre acuñaciones de Ibn Tûmart:

Dirham almohade anónimo, sin fecha ni ceca

- Es conocido el consejo del visir Wuhayb al emir almorávide Alî ben Yûsuf de que encarcelara a Ibn Tûmart «el señor del dirhem cuadrado», recogido por al-Marrakusi en su libro Mu’yib escrito en tiempos de Yûsuf II (610-620), y fechado en el año 514, cuando Ibn Tûmart estaba en Marraquech y antes de su marcha a Tînmal (HUICI 1956, 54). Esta cita
no ha sido tenida en cuenta porque es anterior a la proclamación de Ibn Tûmart como Mahdî en ramadan del 515 en Iylliz (HUICI 1956, 65), pero a pesar del indudable anacronismo, pervivió en la memoria de los almohades la evidencia de que el Mahdî acuñó en vida los famosos dirhemes cuadrados.

- Al-Mahdî organizó el partido almohade en estructura rigurosa, clasificando a sus miembros en categorías descendentes: la Asamblea, el grupo de los Cincuenta, tribus almohades, y los servidores del Majcén, que a su vez se dividían en ocho categorías, siendo la sexta los encargados de la ceca (VIGUERA 1992, 209 y 210); esta organización fue en vida de Ibn Tûmart y es recogida en la obra Kitâb al-ansab o Libro de las Genealogías (HUICI 1
956, 105). La existencia de ceca y encargados de la misma implica acuñación de monedas. Se subraya la ceca en singular, que estaría ubicada en la capital Tînmal, porque entonces la incipiente expansión territorial no permitiría mayor proliferación de cecas fijas.

- Se conocen dirhemes cuadrados almohades a nombre de al-Mahdî en el reverso y con la ceca de Tînmal (MEDINA 1992, núm. 201), donde Ibn Tûmart se instaló con sus partidarios en el 518 y la hizo sede de su naciente Estado y cuartel general (HUICI 1956, 71 y 75). Estos dirhemes siguen de cerca las pautas de las monedas de plata almorávides, que tienen, en términos generales, la profesión de fe en el anverso, el nombre del emir en
el reverso y no consta la ceca, y además coincide con la distribución de las leyendas de los dinares de Abd al-Mu’min, en los que el nombre de al-Mahdî está situado en el campo del reverso. Lo llevó en el anverso de los dinares a partirde sus sucesores los emires Muhammad I y Yûsuf I, aunque sin embargo continuó en el reverso de los dirhemes al estabilizarse su tipología durante todo el Imperio.

El hecho de que las monedas de Ibn Qasî recogieran la versión gramaticalmente más correcta, Muhammad nabiyyuna (Muhammad es nuestro profeta), que la de Muhammad rasuluna (Muhammad es nuestro enviado) que consta en los dirhemes alm
ohades, puesto que es enviado de Dios, puede indicar un intento de Ibn Qasî de rectificar gramatical y religiosamente las leyendas almohades ya preexistentes, que en todo caso no tuvo éxito porque los almohades mantuvieron el tipo invariable durante todo su Imperio, incluso en los dirhemes redondos de Abd al-Wâhid II. No se conocen monedas de oro de Ibn Tûmart al-Mahdî, pero hay que tener en
cuenta que nunca fue califa ni amir al-muminin, títulos que tradicionalmente daban derecho a emitir oro.

LAS ACUÑACIONES DE ABD AL-MU’MIN
La proclamación de cAbd al-Mu’min como amir al-muminin en Tînmal, en el año 526 (VIGUERA 1997, 81), le daba el derecho para acuñar monedas de oro, como lo habían hecho antes el califa cordobés Abd al-Rahman III, los almorávides en nombre del imam
Abd Allah amir al-muminin e incluso los rebeldes contra los almorávides.

El que las cecas conocidas de los dinares de Abd al-Mumin se ocupasen tarde, Siyilmasa en 540 (BOSCH 1995, 271), Tremecén en 540 (VIGUERA 1997, 81), Fez, Mequinez y Salé en 540 (VIGUERA 1997, 83) y Marraquech en 541 (VIGUERA 1997, 81), fue debido a la superioridad de las defensas de entonces (fortalezas amuralladas) sobre los medios ofensivos de los almohades para expugnarlas si no era a base de largos y costosos asedios, pero antes de la conquista de ciudades importantes los almohades ya habían conseguido la adhesión (de grado o por la fuerza) de muchas tribus con sus correspondientes territorios: la región del Sus, Tadla y Tafilat en el año 535 (BOSCH 1995, 227), el Rif desde Wadi Law hasta más allá de Alhucemas en el 537 (BOSCH 1995, 231) y Kumiya al norte de Tremecén en el 538 (BOSCH 1995, 258). Precisamente la falta del nombre de la ceca en los dinares almohades de estos primeros tiempos puede ser a causa de tratarse de talleres militares nómadas y por la imposibilidad de emitir en una ciudad con ceca fija, en poder de los almorávides. El libro Hulal al-Mawsiyya da pormenores sobre la marcha del ejército de Abd al-Mu’min, con el que iban con las tropas los artesanos necesarios para todas las exigencias de la campaña (HUICI 1956, 185 y 186), entre las que se incluyen la recepción de impuestos y repartos de botín. El oro y la plata correspondientes al emir se batirían en monedas, para beneficio de su Hacienda y para los gastos de campaña, especialmente el pago de las tropas.

Los emires debieron llevar en sus expediciones militares talleres monetarios nómadas para hacer frente a las necesidades de la campaña amonedando el oro y la plata recaudados u obtenidos por botín. La evidencia nos la proporciona la narración del saqueo del real del emir meriní Abû al-Hasan, tras su derrota en la batalla del Salado del año 741/1340: «En el desbarate de aquellos reales fueron tomadasmuy grandes cuantías de doblas, que fueron falladas en el alfaneque del rey Albohazen et en las otras tiendas de los otros moros que eran y en el, en que habían muchas doblas, que en cada una de esas tiendas avia tanto oro como en cient doblas marroquíes. Et otrossí fueron tomadas muchas vergas de oro de que la
braban aquellas doblas …» (Crónica de Alfonso XI, 329). La diferencia de unos 200 años entre ambas situaciones históricas no invalida el argumento de las acuñaciones de doblas en talleres militares, posiblemente las que no tienen ceca grabada, por los emires almohades y dinastías sucesoras.
Aunque Ibn Tûmart animaba a sus compañeros a no conceder mucha importancia al botín, daba las reglas para su reparto, de acuerdo con la sunna: el infante tendrá una parte y el jinete tres, después que se haya apartado el quinto del total. Abd al-Mu’min mantuvo las mismas reglas; las crónicas de la primera época hacen referencias y recogen en sucesivas ocasiones la importancia de apoderarse de las riquezas de los derrotados (AGUILAR 1993, 406). Se conoce la soldada, conocida como baraka, entregada a las tropas almohades en época de Abû Yacqûb: «a un jinete completo 10 dinares, incompleto 8 dinares y a un infante completo 8 dinares, incompleto 3 dinares» (AGUILAR 1993, 407).

Medio dínar del califato almohade a nombre de Abu Ya´qub Yusuf I como amir al-mu’minin (1163-1184). Pesa 2,32 gramos y mide 23 mm. Leyenda de anverso: (dentro del cuadrado) En nombre de Dios el Clemente, el Misericordioso/ No dios sino Dios/ Mahoma es el enviado de Dios/ El Mahdi imam del pueblo. (En el exterior) Y vuestro dios/ Es Dios único/ No hay más dios que Él/ El Clemente, el Misericordioso. En el reverso: (dentro del cuadrado) El establecido por orden de Dios/ El Califa Abu Muhammad/ Abd al-Mu'min hijo de Alí/ Emir de los creyentes. (En el exterior) Emir de los creyentes/ Abu Ya'qub/ Hijo de Yusuf/ Emir de los creyentes.


Los almorávides reconocen en sus monedas de oro (leyenda central del reverso) a al-imam Abd Allah amir al-muminin, pero cuando se difundió la doctrina almohade, predicando el imamato de su Mahdî, intentaron, a partir del año 533, salvar cualquier ambigüedad respecto de la identidad del imam añadiendo el título de al-abbasí (KASSIS 1997, 308 y 309). Ese esfuerzo de diferenciación ¿no sería sobre los dinares de Abd al-Mu’min amir al-muminin o dinares mu’minies, ya en circulación?

Está documentada la existencia de dinares (sin especificar el tipo) en el campamento almohade del año 536, cuando ya su imperio era extenso. Es difícilmente concebible que desde el punto de vista económico, político, religioso y de propaganda el califa almohade consintiese la circulación libre de dinares de los heterodoxos almorávides entre las tropas almohades (HUICI 1956, 124), y ya hemos citado que está documentado que con el ejército de cAbd al-Mu’min iban los artesanos necesarios para todas las exigencias de la campaña.

Las monedas de plata a nombre de al-Mahdî (dirham imami) se siguieron acuñando con Abd al-Mu’min y sucesores, como lo demuestran los hallazgos numismáticos (FONTENLA 1985), en cecas estables y en talleres militares.

Los quirates de tipo almorávide y a nombre de al-Mahdî y Abd al-Mu’min (V. 2.043 y 2.045) fueron verosímilmente acuñados en al-Andalus, destacando PRIETO VIVES (1915, 31) que en las monedas indudablemente almohades no se prescinde del sobrenombre Abu Muhammad, y cuando falta sitio lo que suprimen es el nombre, llamándosele Abu Muhammad ben Alí, y casualmente éstos son los quirates con los que RODRIGUES MARINHO (1985, 193) supone que Abd al-Mu’min inició las acuñaciones, pero debieron ser, junto al dinar de Jaén de 541 (RODRÍGUEZ LORENTE 1982), acuñaciones andalusíes a nombre del emir almohade Abd al-Mu’min ben Alí.

Las emisiones de oro estuvieron reservadas al califa, y por eso el número de cecas es reducido. Las cecas que batieron oro lo hicieron por autorización expresa del califa, generalmente en la capital, en la ciudad donde se estableció la corte real (hadra) y en las capitales desde donde se gobernaron las provincias del Imperio. Abd al-Mu’min dividió el Imperio en provincias en el 550, con capitales en Bugía, Tremecén, Sevilla, Fez y Ceuta, con responsabilidad en las dos costas del Estrecho (Ceuta, Tánger, Algeciras y Málaga), nombrando gobernadores a sus hijos, con el título de sayyid (HUICI 1956, 175 y 185). Posteriormente Yûsuf I designó para estos cargos a parientes cercanos y hombres de confianza. Todas las cecas que emitieron oro durante los reinados de los dos primeros califas almohades fueron la capital, Marraquech, o ciudades que tuvieron en algún momento la presencia del califa y su corte real, o capitales provinciales del Imperio, con las excepciones de Jaén con el primer califa, aunque es una ceca dudosa (HAZARD 1952, núm. 471), y Siyilmasa con Yûsuf I.

La expresión h.adra que acompaña algunas cecas se refiere a la corte real, y, así, existían los talaba al- hadar, servidores próximos al califa, sea en la capital, Marraquech, o en cualquier población del Imperio o sobre el propio terreno en caso de expediciones militares (FRICAUD 1997, 349 a 364), y posteriormente en tiempos del sultán meriní Abû Hasan tenía ese mismo significado (MAZRUQ 1977, 445).

El permiso de acuñación de las monedas de plata debió estar delegado en los lugartenientes del califa, de ahí el gran número de cecas conocidas, 23, de las que hay todavía sin identificar, además de las falsificaciones particulares (FONTENLA 1989) o de régulos aprovechando el prestigio del numerario almohade, que explicarían la variedad de estilos y caligrafía de cecas ilegibles.

Nota: Las imagenes aportadas no corresponden al articulo publicado, se añadido para ilustrar el texto.

2 comentarios:

Kászon Kovács dijo...

¡Muy interesante! y un buen ejemplo de porque estas testimonios de la numismática medieval son tan emocionantes; ya que además de mostrarnos aspectos políticos y económicos también se dejan entrever temas de digamos "algunas valores no cuantificables".

Si algún día te animas, recomiendo mis reflexiones de hace dos años sobre los almohades:
http://kaszonkovacs.blogspot.com/2010/05/la-paradoja-almohade-1.html
quizás el texto es un pelín tostón, y como he puesto en un comentario hoy ya no lo hubiera escrito; pero aún así creo que contiene algunas ideas con potencial.

y por cierto: ¡enhorabuena con el nuevo diseño de tu blog! ha ganado tanto en estética general como accesibilidad de la información.

José David Rodríguez dijo...

Muchas gracias Kászon, interesante tu articulo y recomiendo sin duda su lectura.
Gracias también por tu opinión, creo que si el blog ha ganado bastante sobre todo en el acceso a la información. Darle desde aqui las gracias al amigo Rubén Cortés que me ayudó muchisimo con este tema.

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