lunes, 13 de febrero de 2012

La Oferta Monetaria en el camino de Santiago, vía religiosa y comercial de la Edad Media

Autor: Nemesio Pereira Lorenzo, "Origen de las ciudades y oferta monetaria", Universidad de Vigo

Se suele asociar peregrinación y religión, pero un análisis histórico hace que
aparezcan prácticas diferentes, si bien no cabe duda de que la peregrinación responde a una autorrealización espiritual, de ahí que responda al cumplimiento de una serie de ritos, diferentes en cada peregrinación. Sirva de ejemplo que en caso del peregrino a Santiago, la tradición manda que ha de llevar la mochila abierta
donde guarda los alimentos y la bebida con el fin de que cualquier otra persona pueda tomar o dar.

La peregrinación a Santiago de Compostela nace del descubrimiento del sepulcro
de Santiago el mayor en un pueblo romano fundado en el siglo I de nuestra era. La idea de facilitar y fomentar el camino a los peregrinos lleva pareja la supresión de trabas impositivas, mejoras en infraestructuras como construcción de puentes (Por ejemplo el de Portomarín) o lugares de acogida de los peregrinos donde puedan pasar la noche a cubierto, alimentarse y, como no, alimentar su espiritu.

San Martín de Tours (316 – 397), nació en Hungría, aunque toda la educación la
recibió en Pavia (Italia), en Poitiers se unió a los discípulos de San Hilario, en el año 370 es consagrado obispo de Tours, y fundó el Monasterio de Marmoutiers. Falleció en Candes.

Alfonso II, Rey de Asturias, intenta darse a conocer en Europa, no duda en enviar
embajadores a Carlomagno, y pone en conocimiento del clero francés el descubrimiento de los restos del Apóstol, en tiempos de Alfonso III, una carta enviada al clero de Tours, responde a cuestiones sobre Santiago. Sustituye la pequeña Iglesia que hiciera levantar Alfonso II en honor de las apariciones de los restos de Santiago Apóstol, empezando a atraer visitantes de zonas próximas de forma continuada, convirtiendo el camino en vía comercial, de peregrinación y de asentamiento en tierras del camino aún vacías de “francos” provenientes de los excedentes agrícolas.

A partir del siglo IX, disminuye la actividad de los talleres reales de acuñación y resurgen las emisiones locales en pueblos con señorío eclesiástico, de obispos y monasterios, y en señoríos laicos, de la nobleza. Los abades del Monasterio de Tours empiezan a batir moneda, figurando en el anverso una cruz de brazos iguales, y en el reverso la fachada del templo. Se trata de moneda dineros torneses con leyenda en el anverso TVRONVS CIVI, y en el reverso SCS MARTINVS. La aparición de deniers tournois batidos por los abades benedictinos de Tours, ya se trate de moneda feudal de los abades o real, en Galicia hace pensar que fue allegada por lo peregrinos del camino de Santiago.

Dinero de San Martín de Tours

La moneda de Tours tuvo una buena aceptación entre los vecinos, llegando a
circular como propia. Muestra de ello es un pacto capitular de finales del siglo XII, como contraprestación capitular a Doña Urraca Fernandez de Traba a cambio de la donación de sus heredades en Quinza. En 1196 Doña Urraca establece quod detis mihi DC solidos turoniensis in vita mea annuatim. Los dineros de Tours fueron los de mejor aceptación, de entre los cinco tipos tipos que circulaban entonces en Francia, a raíz de la ordenanza de 1204 de Felipe Augusto, los otros eran los short-cross pennies, deniers mansois y angevinos, y deniers guingampois. Destaca la donación en dinero a la Catedral de Santiago de don Alfonso, Conde de Tolosa y Poitiers, tio de Felipe III, que estipula en su testamento que se entregasen veinte libras turonenses anuales. Con Luis VIII, solo la moneda real, en que se había convertido el dinero de Tours, podía circular libremente por el reino, quedando el dinero feudal limitado a los feudos de emisión.

Los reinos cristiano hispánicos que fueron formándose cuando se inicia la reconquista no acuñan moneda hasta Alfonso VI (1065 – 1109), y es Santiago de Compostela de quien se tiene la idea de ser el primer taller se acuñación, su casa de moneda existe desde el año 1078, en que Alfonso VI concede a Diego Peláez el privilegio de acuñación de moneda para costear la construcción de la Basílica, continuando con Diego Gelmirez a partir de 1107.

Favoreció la gran expansión de acuñación de moneda, la escasez por
agotamientos de las acuñadas en los siglos X y XI, así según los datos de las CECAS de Londres y Cantebury se acuñaron cerca de 70 millones de long-cross pennies, cifrándose en 100 millones de peniques los que circulaban a mediados del siglo XIII, hacia finales del siglo XIII ya eran 150 millones los peniques que circulaban, lo que da lugar a asegurar la gran expansión que sufre el comercio y por tanto la circulación monetaria en esa época. La CECA de París registra en 4 años la acuñación de 298.180 marcos troy de plata por valor de 1.063.000 livres tournois. Desgraciadamente para CECAS españolas no tenemos referencias estadísticas, de ahí que solo se estimen en función del desarrollo de otras CECAS europeas, lo mismo ocurre con Italia.

Sólo se bate moneda de vellón, clausurándose con Fernando II, a mediados del
siglo XIII, si bien en tiempos de Enrique II, entre 1369 y 1379, se vuelven a acuñar cornados y novenes de vellón en la casa de la moneda de Santiago, ya que la floreciente CECA de Coruña se encuentra en manos del Rey Fernando I de Portugal, que a la muerte de Pedro I de Castilla, a manos de su hermano Enrique de Trastamara,se adentra en Galicia el Rey de Portugal, al serle ofrecido el reinado de Castilla y León a él antes que al fraticida Enrique de Trastamara, a la postre Enrique II. Si bien con la paz de Alcoutín en 1371, se retira Fernando I de Portugal, por lo que se ya definitivamente se clausura la CECA de Santiago.

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