lunes, 13 de febrero de 2012

El morabetino, traducción de una leyenda en árabe


Prosiguiendo con el tema de las acuñaciones de Alfonso VIII en árabe, exponemos la traducción de la leyenda del maravedi

ANVERSO

Centro: al-bia Iman Baba al-masihiya ALF /el Papa De la Iglesia Cristiana El Iman Alf (onso)

Orla: salima yakun ta´amad wa amana min al-wahidum Allah al-qudus al-ruhi wa al-abeni wa al-abi bi-smi / En nombre del padre y del hijo y del espiritu santo Dios único el que crea y sea bautizado sera salvo (Cita del Evangelio de San Marcos XVI)

REVERSO
Centro: Amir al-qatuliqïn Sanya ben Alfuns Allah ayadahu nasarahu wa / Principe de los Catolicos, hijo de Sancho, Dios ayudale y protejale

Orla
: al Safar tarif alf wa miatain wa jamsin ´am bi-Tulaitula al-dinar hada duriba / Fue acuñado este dinar en Toledo en año mil doscientos cincuenta era Safar

DISTRIBUCION DE LA ESCRITURA


Alfonso VIII (1158-1214) por tanto tomó la decisión de acuñar su propio numerario de oro. El maravedí castellano, realizado en Toledo y escrito en caracteres árabes se empezó a acuñar en 1172 y con los mismos tipos se mantuvo durante todo su reinado y el de su sucesor, Enrique I (1214-1217), copiando en metrología y tipos los dinares almorávides, aunque en esta ocasión se pusieron los nuevos nombres de los gobernantes y los mensajes religiosos referentes al cristianismo y a la datación por la Era Hispánica, 38 años
adelantada a la cronología cristiana, que estaba en vigor en Castilla en esos momentos y que los musulmanes daban el nombre de Safar.

El inmediato éxito de la nueva moneda se debió a la uniformidad de su peso (4,05 gramos) y de su ley (870 milésimas de fino) que se mantuvo durante todo el tiempo que se acuñó, lo que le llevó a convertirse en la moneda preferida para el comercio de oro en toda la zona cristiana de la península, y que era recordada con añoranza por los cronistas de época de Alfonso X como una moneda buena y estable. En los documentos esta moneda aparece citada como "alfonsís", "bonos alfonsís de auro et pondere", "moravedis bonos alfonsis d`oro et de peso", "maravedis de bono auro et de peso et de cruz", y fueron muy apreciados tanto dentro de la Península como en el resto del territorio de la Europa cristiana occidental.

En cuanto al lugar de acuñación de esta moneda no podía ser otro que Toledo, no tanto porque fuera la principal ciudad del reino de Castilla, sino porque la ceca toledana, de origen musulmana, era la única preparada para acuñar monedas en lengua árabe, ya que en la ciudad vivían muchos descendientes de los mozárabes que habían convivido con el Islam durante más de tres siglos y que manejaban aún con soltura esta lengua semita.

Pero si importante fue económicamente aún lo fue más como medio de propaganda. Alfonso VIII se vio obligado a acuñar oro por necesidad, por lo cual decidió imitar en todo a la moneda que quería sustituir, por eso la metrología y los tipos, en este caso las leyendas, quieren parecerse lo más posible a las de los dinares almorávides, para que de este modo no fuese rechazada por los que estaban habituados a hacer sus transacciones con la moneda de oro musulmana. Ahora bien, aunque el rey tuviese que aceptar la metrología y el aspecto exterior de la moneda musulmana, incluso la escritura árabe, no quiere decir que el monarca renunciara a utilizar la moneda como propaganda política de su reino, Castilla, y de su religión, la cristiana, para lo cual mantuvo los nombres de las instituciones musulmanas citadas en los dinares pero sustituyéndolos por los estrictamente específicos de su reino y religión, comparemos ahora los mensajes.

- En las leyendas centrales los almorávides hacen referencia explícita a Allah, y al gobernante, Amir (Emir=Príncipe), que acuña la moneda, así como a la supremacía del poder religioso del que dependen (aunque sólo sea de forma teórica), en este caso el Imam, que para ellos es el califa abasí de Bagdad, al que nunca citan por su nombre personal. Los reinos taifas, y en concreto el de Murcia, introducen tras el nombre del gobernante una referencia a la solicitud de ayuda y protección a la divinidad.

- Alfonso VIII sigue paso a paso este esquema en sus leyendas centrales. En una de ellas aparece la invocación explícita a Dios, en este caso en forma de una CRUZ, principal símbolo del cristianismo y la referencia obligada al sacrificio de Jesucristo para redimir los pecados de los hombres, base de la religión. Debajo aparece la suprema autoridad religiosa de los cristianos, con el título de IMAM, que es el Papa de Roma, que aparece así citado en las monedas, no de forma personal sino como institución, exactamente igual que en las monedas almorávides. En la variedad número 2 aparece como última línea tres letras latinas ALF, haciendo referencia al poder temporal responsable de la acuñación, el rey Alfonso VIII de Castilla. En la otra Area todo el mensaje hace referencia al monarca: En primer lugar la titulación, si los gobernantes de los almorávides se denominaban Amir Al-Muslimim (Príncipe de los musulmanes), el rey de Castilla no traduce al árabe su título regio (para lo que habría debido usar el término "malik") sino que se decide utilizar el más parecido al de sus oponentes, el de AMIR AL-QATULIQIN, Príncipe de los católicos.

A continuación viene el nombre y filiación del emir, que el rey mantiene en los mismos términos que los musulmanes, ALFUNS BEN SANYO, Alfonso hijo de Sancho. Esta leyenda se termina copiando la de los dinares de la taifa murciana, pidiendo a Dios (Allah) ayuda y protección para el monarca.

Pasemos ahora a las leyendas marginales. La primera copia un texto del Corán, el libro sagrado del Islam, la Sura 3 versículo 85, que hace referencia aque sólo el Islam es la verdadera religión y los que estén fuera de ella pasarán la otra vida entre los desventurados. La moneda de oro castellana va a tomar igualmente una cita del libro sagrado del cristianismo, los Evangelios, en concreto utiliza un pasaje del de San Marcos, capítulo XVI, versículo 16, cuyo significado es el mismo que el del texto musulmán, es decir, reafirma uno de
los principales dogmas del cristianismo, la Trinidad, tres personas y un único Dios, para luego decir que sólo el creyente que sea bautizado (es decir, que entre en el cristianismo) podrá salvarse en la otra vida y estar entre los elegidos.

La segunda leyenda marginal es la que hace referencia a los datos concretos de acuñación, la única diferencia entre ambas es que la cristiana suprime la invocación a Allah en su comienzo y sustituye la datación por la Hégira por la de la Era Hispánica, utilizando para ello el nombre que los musulmanes le dan, Era de Safar. Esta datación es excepcional en toda la moneda cristiana medieval84, sólo a finales del siglo XV aparecen monedas cristianas datadas de forma explícita, y en Castilla hay que esperar al último cuarto del siglo XVI, en concreto a las últimas piezas acuñadas por Felipe II, para que la fecha aparezca de nuevo de forma regular en las monedas.

Como puede apreciarse el dinar almorávide y el maravedí de Alfonso VIII no son sino lo que algunos autores llaman la "imagen del otro lado del espejo", es decir, cuando dos sociedades se enfrentan durante siglos en un territorio concreto se forman entre ellas unos vínculos mucho más estrechos de lo que a primera vista pudiera parecer, y terminan conviviendo e incluso haciéndose "préstamos" en todos los campos de la vida. Este es el verdadero motivo por el cual un rey cristiano utiliza el árabe en sus monedas, un idioma que sus correligionarios no entienden pero están acostumbrados a ver en el oro que manejan, y que sin embargo sí pueden leer y entender sus enemigos del sur, que son con los que comercian sus súbditos.

Tras la elección del idioma "del otro" se continua con el uso de unos mensajes prácticamente iguales, aunque vistos desde la perspectiva del "enemigo", incluso se utilizan las mismas palabras (IMAM, AMIR, etc...) para designar instituciones con contenido similar o bien conceptos religiosos comunes a ambas religiones, como es la creencia en la otra vida y en un juicio final, que dará a unos la salvación eterna y a otros la condenación. Todo esto nos demuestra cómo la moneda es mucho más que un fenómeno económico. El maravedí de oro alfonsí va a nacer por una clara necesidad económica, se ha acabado el flujo de oro musulmán y es necesario acuñar una moneda que sustituya a la que ha desaparecido, pero esa nueva moneda no utiliza los símbolos que el rey castellano ha impuesto en su numerario de vellón, ya que está destinada a otros mercados, con lo cual utiliza la tipología musulmana y al mismo tiempo coloca en ella mensajes cristianos destinados específicamente a circular entre gentes fieles al Islam, que aceptando su moneda podrán leer su propaganda religiosa y también la política.

Poco después acuñarán las mismas piezas en León (Fernando II y Alfonso IX) y en Portugal (Sancho I), pero estas piezas son talmente cristianas, las leonesas llevan la imagen del monarca coronado en el anverso con su nombre y legitimación divina (rey por la gracia de Dios), mientras en el reverso aparece la señal del león rodeada de una leyenda religiosa (In nomine Patris et Filiis el Spiritus Sancti). Esta leyenda que también se utiliza en reverso del maravedí portugués, que como tipo lleva la señal de las quinas, mientras el anverso lleva al rey ecuestre rodeado de su nombre y reino (Sancius rex Portugalis).

"El nacimiento de la moneda en Castilla" de José María de Francisco Olmos

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